Según la
noticia
"Un hombre ingresó con una camioneta 4x4 en un sector restringido de la
Pampa del Leoncito, una planicie ubicada en Calingasta, San Juan, y provocó
un grave daño ambiental. El vehículo recorrió aproximadamente 1,5 kilómetros
antes de quedar atrapado y dejó marcas cuya recuperación natural podría
demandar hasta un siglo" (La Nación). Ciertamente espero que la multa sea ejemplarmente onerosa.
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| Visto en La Nación |
El turismo puede ser un recurso beneficioso pero también una desgracia
destructiva. De hecho el turismo ensucia, lleva basura a lugares que
deben mantenerse prístinos, y daña o destruye.
Esa tensión entre desarrollo económico y conservación de santuarios
naturales es uno de los dilemas más críticos de la gestión ambiental
contemporánea. En geografías vastas y frágiles como la Patagonia
profunda, la Puna o los valles aislados del NOA, el impacto de un
turismo no regulado sobrepasa la acumulación de residuos visibles:
altera microecosistemas, contamina cursos de agua pura con
microplásticos y materia orgánica, e interrumpe la fauna autóctona en
hábitats de nidificación o cría.
El concepto fundamental que suele estar ausente en la apertura
indiscriminada de estos destinos es la capacidad de carga—el límite
físico y biológico que puede soportar un entorno sin degradarse
irreversiblemente.





























