jueves, 18 de noviembre de 2021

En Europa no sólo asusta el Covid

Tropas irregulares, terrorismo y migrantes lanzados como arma: las tácticas de la guerra híbrida.

Por Antonio Fernández, publicado por La Razón.

Las guerras convencionales están en desuso, incluso cuando se llevan a cabo en territorios alejados del eje occidental, como hemos podido ver con la retirada de Estados Unidos en Afganistán.

Eso no significa que los conflictos armados estén desapareciendo. En absoluto. Simplemente que el formato tradicional en el que dos ejércitos oficiales se enfrentaban a cañonazos -o con misiles- está cambiando hacia un modelo menos aparatoso y más discreto, pero con el mismo objetivo de desestabilizar y asfixiar al enemigo para obtener una ventaja de tipo económico, diplomático o militar. Internet, los medios de comunicación y un gasoducto pueden ser tan efectivos como los tanques y los buques de guerra lo fueron en el pasado.

Soldados polacos en la frontera con Bielorrusia desplegados para frenar la llegada de migrantes enviados por Bielorrusia
Foto: IREK DOROZANSKI HANDOUT / EFE Vista en La Razón

Es lo que los expertos llaman “guerra híbrida”, un enfrentamiento que trasciende el espacio físico y donde los contendientes usan como armas tropas no regulares, métodos terroristas, ataques cibernéticos, financiación de partidos radicales, difusión de noticias falsas y el envío de migrantes como instrumento para desestabilizar al contrario, tal y como estamos viendo estos días en la frontera de Bielorrusia con Polonia.

El término fue formulado hace años por Frank Hoffman (2007) la referirse a ella como al despliegue de “diferentes modos de guerra, incluidas capacidades convencionales, tácticas y formaciones irregulares, actos terroristas que incluyen violencia y coerción indiscriminada, así como desorden criminal”.

Para algunos expertos militares no es sino la actualización de la vieja guerra de guerrillas desplegada por tantos países a lo largo de los dos últimos siglos. La guerra híbrida, sin embargo, supone un avance en la teoría militar al incorporar nuevos actores y estrategias como la propaganda y la provocación.

Este tipo de enfrentamiento está protagonizado muchas veces por actores no estatales. El ejemplo más claro es el del Estado Islámico y su campaña de terror global con la decapitación en Siria y de periodistas y activistas occidentales basada en la grabación de vídeos difundidos en las redes sociales.

A continuación repasamos las cinco estrategias más habituales que definen una guerra híbrida.

Tropas no regulares y operaciones especiales

En 2014, miles de soldados tapados con pasamontañas comenzaron a tomar y patrullas los puntos estratégicos de la península de Crimea en una operación especial que asombró a Occidente. No formaban parte de un ejército reconocido ni reconocible, pero desde Washington se apuntó inmediatamente a Rusia y en particular al Servicio de Inteligencia Militar Ruso (GRU), una agencia conocida en la era soviética por sus métodos agresivos y su opacidad en comparación con el KGB.

El envío de soldados no identificados se repitió posteriormente en el este de Ucrania, donde Rusia reclutó y formó militarmente a residente locales para enfrentar al Ejército de ucraniano. A veces también se utilizan mercenarios y fuerzas “delegadas”, como sucedió en Crimea. Las fuerzas paramilitares cuentan a menudo con abundante armamento y una logística muy superior a lo que es frecuente entre milicianos o guerrilleros.

El envió de tropas regulares a las fronteras de países rivales es una táctica cada vez más habitual. Rusia ha desplegado más de 100.000 tropas cerca de la linde con Ucrania en un ejercicio que Washington denuncia como una provocación si bien Moscú ha negado que tenga la intención de iniciar una invasión de su vecino.