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miércoles, 7 de enero de 2026

La complicidad local y de los países latinoamericanos con el régimen de Venezuela

Los cómplices latinoamericanos del chavismo

Si el progresismo internacional hubiera presionado a Maduro para que abandone la persecución y la tortura de sus opositores, la incursión de Trump no habría sido necesaria
Por Joaquín Morales Solá, publicado por La Nación

Visto en La Nación
Ricardo Lagos, el expresidente socialista de Chile, dijo hace varios años una frase premonitoria: “Si América Latina no quiere que Estados Unidos intervenga en Venezuela, ¿qué está haciendo ella para restablecer la democracia y los derechos humanos en ese país?”. La ausencia de los países latinoamericanos (y las contradicciones dentro de sus propios gobiernos) explica en gran medida la incursión norteamericana en territorio venezolano para apresar al exdictador Nicolás Maduro y a su esposa, una figura extremadamente influyente en el régimen chavista. Basta el ejemplo de la Argentina para conocer con exactitud la dimensión de las incoherencias en la conducción de un mismo país. El largo kirchnerismo fue amigo y cómplice del chavismo durante los 16 años que gobernó en las últimas décadas. Negocios y amistades caracoleaban entre líderes chavistas y kirchneristas. Luego, la administración de Mauricio Macri adoptó una posición absolutamente distinta cuando le tocó gobernar durante cuatro años: denunció al chavismo como una dictadura que torturaba y secuestraba a sus adversarios y, encima, no respetaba los resultados electorales. Es la misma posición que con igual vehemencia asumió luego el gobierno de Javier Milei.

La ingenuidad no cabe para analizar la complacencia del kirchnerismo ni la decisión implacable de Donald Trump a favor o en contra del chavismo. Ya en el gobierno de Néstor Kirchner, el entonces embajador argentino en Caracas, Eduardo Sadous, un hombre valiente que murió prematuramente, diplomático de carrera que había sido nombrado en ese cargo por Eduardo Duhalde, denunció una “embajada paralela” en manos del kirchnerista Claudio Uberti y un “sistema de sobornos” en Venezuela que controlaba el exministro Julio De Vido...



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miércoles, 10 de enero de 2024

Divide y reinaras

Mucho de lo que está pasando tiene que ver con la visión que Putin tiene de la geopolítica y su proyecto personal para construir una posición dominante para Rusia en el Mundo, con él como supremo.

Entre sus asesores está Aleksandr Dugin, es quien le da forma filosófica a las proyecciones políticas del jefe de estado ruso.

Un libro de su autoría, publicado en 1997, da inicio a esta nueva era que cautivó el plan geopolítico de Putin. Lleva el pomposo título: “Los fundamentos de la geopolítica: El futuro geopolítico de Rusia”. En él, Dugin estructura todo el plan que tiene en su cabeza y que trasladó al hombre que lo escucha en el Kremlin. “Los agentes rusos deberían fomentar las divisiones raciales, religiosas y seccionales dentro de Estados Unidos mientras promueven las facciones aislacionistas de ese país. En Gran Bretaña, el esfuerzo de operaciones psicológicas debería centrarse en exacerbar las desavenencias históricas con la Europa continental y los movimientos separatistas en Escocia, Gales e Irlanda. Europa occidental, mientras tanto, debería ser atraída en dirección a Rusia por el atractivo de los recursos naturales: petróleo, gas y alimentos. La OTAN se derrumbaría desde dentro”.

América Latina en los planes

Desde hace un par de décadas el marcado activismo geopolítico ruso se ha incrementado en países como Venezuela, Cuba, Nicaragua, Brasil, Argentina y México como oportunidades para establecer mecanismos de cooperación económica e incluso militar, así como factores de carácter disuasivo a la hora de establecer "equilibrios" en la relación con EE UU, la histórica potencia hegemónica del hemisférico.

En los últimos años Brasil, Argentina y México han aumentado sus vínculos estratégicos con Rusia y China. Y la injerencia de Rusia en éstos países ha alcanzado niveles importantes.

Cobran especial atención las victorias que desde 2019 ha alcanzado la izquierda en Bolivia, Perú, Chile, Honduras y Colombia, así como el retorno de Lula da Silva a la presidencia de Brasil tras los comicios de octubre de 2022. Este impulso político a la izquierda a nivel hemisférico busca también ampliar esas alianzas exteriores con actores emergentes (Rusia, China, India, Turquía e Irán) a través de foros globales (BRICS), lo cual aprecia un desafío a los intereses de Washington en la región.