De hacker a soldado.
Por Juanjo Galán, business strategy de All4Sec, publicado por Innovadores / La Razón.es.
Tal y como describe la OTAN —tradicionalmente convertida en doctrina— un
dominio de operaciones militares debe responder a características
diferenciales que tienen como objetivos (1) operar en él, (2) no estar
completamente incluido en otro dominio, (3) implicar la actuación de fuerzas
de los bandos, (4) ejercer el control sobre el oponente, (5) impulsar la
sinergia con otros dominios, y (6) proporcionar la oportunidad de generar
desequilibrios con otros dominios.
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| Foto de Reuters, vista en El Confidencial |
Utilizando esta definición, resulta evidente que la transformación digital de
la sociedad ha traído consigo un 5º dominio de acción que se ha convertido en
un nuevo entorno de operaciones militares, tanto ofensivas como defensivas. Un
entorno al que se ha denominado ciberespacio.
Reglas en el ciberespacio
En este nuevo ‘campo de batalla’ el control del entorno se hace casi
inabordable. Cada cinco años nos encontramos con que los equipos en red se
multiplican por tres. Equipos que interactúan unos con otros ampliando sus
límites. De facto, se estima que para el año 2040 el número de elementos
interconectados superará los 5.000 millones a nivel mundial.
Desde la perspectiva militar, una particularidad de este dominio es que
menudo se desconoce cuál es el adversario, no existen alertas previas, los
engaños y señuelos son más sencillos de desplegar y la gestión de las
amenazas resulta compleja —más aún cuando las acciones que podrían anticipar
un ataque se muestran ambiguas.
