Por Christopher Mims, publicado en The Wall Street Journal.
En Internet, es un hecho que el anonimato a menudo conduce a los peores tipos de comportamiento. Chats y foros de mensajes anónimos son legendarios por convertirse en pozos negros de contenido perturbador e ilegal.
Por esta razón podría parecer una locura que las empresas estén poniendo a disposición de sus empleados herramientas de comunicación anónima que han demostrado ser tan perjudiciales en la web abierta. Pero el comportamiento humano es una cosa curiosa, que depende del contexto.
Un ejemplo es Earls, una cadena canadiense de 65 restaurantes informales con una fuerza laboral que llega a 8.000 durante la temporada alta. Earls solía hacer encuestas anuales, dice Brenda Rigney, la jefa de personal de la cadena.
Ahora envía encuestas cortas a los dispositivos móviles de los empleados por lo menos cada tres meses. El software que da forma a estas encuestas no da ninguna información que permita identificar a los trabajadores. Por más que quieran, los empleadores no pueden “desanonimizar” esos datos.
Gracias a estas encuestas anónimas, Earls descubrió que uno de los grupos más importantes de sus cocinas, los equipos de preparación que alistan todos los ingredientes que se usarán en la comida, estaban descontentos con el aislamiento social que sentían por tener que llegar al trabajo a las 5 de la mañana, mucho antes que el resto el personal.

