Es increíble pero real, una realidad que nos golpea diariamente y prácticamente en todos los ámbitos fuera de nuestros hogares.
Si no es a través de las noticias, es en nuestra vida cotidiana que vemos o somos, sino víctimas, testigos involuntarios (no participes) de cuestiones a contrapelo de la decencia y honestidad. ¡Y no podemos hacer nada!
Me pregunto ¿hasta cuando tendremos que enfrentarnos al "quedate piola, todos lo hacen", cuando le reclamamos por algo incorrecto a alguien?.
Estamos cansados de sentirnos en una especie de vacío moral y legal. ¿Como podemos reclamar idoneidad y transparencia? si en nuestra sociedad hay una carencia cada vez más notable de honestidad.
Cuanta razón tienen los que señalan que donde no hay buenos ciudadanos no hay buenos gobiernos.
Cuanta razón le encuentro al autor de Cambalache. Y al que dijo "donde reina la injusticia impera el latrocinio".
Mañana, nuestro País conmemora un aniversario más de la gesta de Mayo, el inicio de un proyecto de Nación, hoy algunos (no se si muchos o pocos) aún queremos ser Nación, una Nación cuya identidad sea la pasión por la verdad y el compromiso por el bien común.
Algunos (no se si muchos o pocos) aún rezamos y pedimos ayuda, alivio y fortaleza para salir adelante.
Ojalá
(Del ár. hisp. law šá lláh, si Dios quiere), yo pido que sea: "que Dios quiera".