En el segundo día del conclave, hoy a las 13:08, la fumata blanca emergió de
la chimenea de la Capilla Sixtina. La elección del nuevo papa se concretó en
la cuarta ronda de votación, al igual que ocurrió con Benedicto XVI en
2005.
Robert Francis Prevost, de nacionalidad peruano-estadounidense,fue elegido en el conclave, eligió el nombre León XIV (en latín: Leo PP.
XIV), durante su trayectoria religiosa—, fue prefecto del Dicasterio para
los Obispos y presidente de la Pontificia Comisión para América Latina desde
enero de 2023 hasta 2025. El 8 de mayo de 2025 fue elegido papa como León
XIV. Es el primer papa estadounidense, y el segundo procedente del
continente americano, tras el papa Francisco.
Prevost, es un misionero de 69 años que dedicó su carrera a servir en Perú
y lidera la poderosa oficina de obispos del Vaticano. Se formó en la Orden
de San Agustín.
"Robert Francis Prevost nació el 14 de septiembre de 1955, en la ciudad
estadounidense de Chicago. Hijo de Louis Marius Prevost, de ascendencia
francesa e italiana, y Mildred Martínez, de ascendencia española" (Biografía). Ingresó al noviciado de la Orden de San Agustín (OSA) en 1977 e hizo sus
votos solemnes en 1981.
Los agustinos, la orden del nuevo papa, es una comunidad mendicante con
800 años de historia y vocación misionera.
Con la elección de Robert Francis Prevost como nuevo pontífice, la Orden
de San Agustín alcanza por primera vez en su historia la Sede de Pedro.
Se trata de un hecho inédito dentro de la Iglesia Católica, que marca un
hito para esta comunidad religiosa de tradición mendicante, fundada
oficialmente en 1244 y presente hoy en más de 40 países de todos los
continentes.
El papa Francisco, quien partió a su recompensa la mañana después de
Pascua a los 88 años, fue una versión del papa liberal que muchos
católicos habían deseado con fervor durante el largo pontificado de Juan
Pablo II y el más breve de Benedicto XVI: un hombre cuya visión del mundo
fue moldeada y definida por el Concilio Vaticano II y cuyo pontificado
buscó renovar su revolución, una gran modernización de la Iglesia
Católica.
En al menos un sentido, tuvo éxito. Durante generaciones, los
modernizadores lamentaron el desmedido poder del papado, el anacronismo de
una autoridad monárquica en una era democrática, la forma en que el
concepto de infalibilidad papal congelaba los debates católicos mientras
el mundo avanzaba a toda velocidad. En teoría, Francisco compartía esas
preocupaciones, prometiendo una iglesia más colegiada y orientada
horizontalmente, más sinodal, en la jerga de la burocracia católica. En la
práctica, a menudo utilizó su poder de la misma manera que sus
predecesores: para vigilar y suprimir desviaciones de su autoridad, salvo
que esta vez los objetivos eran los conservadores disidentes y
tradicionalistas, en lugar de los progresistas y modernizadores...
Cuando tras la renuncia de Benedicto XVI al pontificado, nuestro arzobispo
de Buenos Aires, Jorge Mario Bergoglio fue elegido papa el 13 de marzo de 2013,
en casa nos alegramos y conmovimos hasta las lágrimas, agradeciendo
devotamente a nuestro querido Tata Dios por concedernos un papa argentino.
Pienso que mayor o menor medida en general todos los argentinos lo vivimos
así. Y nos generó grandes expectativas.
Con el tiempo en casa y en nuestro ámbito, lamentablemente no estuvimos
felices con el plano político y algunas formas ideológicas que fue
desarrollando Francisco en su pontificado. Sin embargo, siempre respetamos
su autoridad, validamos todo lo bueno de sus acciones y rogamos por él,
especialmente en los últimos tiempo que tuvo que afrontar sus problemas de
salud.
Francisco murió hoy a los 88 años, como el tercer papa más longevo de la
historia de la Iglesia católica. Aunque previsible, un duro momento para la
Iglesia Católica, tanto para la institución como para el pueblo católico,
todos somos iglesia.
Francisco (Franciscus PP.), de nombre secular Jorge Mario Bergoglio, nació
en Buenos Aires el 17 de diciembre de 1936, falleció en la Ciudad del
Vaticano, hoy, 21 de abril de 2025, la Casa de Santa Marta su lugar de
residencia. Había renunciando al Palacio Apostólico Vaticano usado por los
papas desde Pío X (1903).
Fue el 266.º papa de la Iglesia católica. Como tal, fue el jefe de Estado y
el octavo soberano de la Ciudad del Vaticano. Tras la renuncia de Benedicto
XVI al pontificado, fue elegido el 13 de marzo de 2013 en la quinta votación
efectuada durante el segundo día de cónclave.
Su última aparición ante los fieles fue tan solo 15 horas antes de su
fallecimiento, precisamente dando un breve discurso por el Domingo de
Resurrección ante más de 5000 personas. En su último discurso clamó por la
paz mundial diciendo "No puede haber paz sin libertad de religión, libertad
de pensamiento, libertad de expresión y respeto por las opiniones de los
demás". Su última bendición compartida fue Urbi et orbi.
Que descanse en paz y brille para él la luz que no tiene fin.-
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TEXTO Y VIDEO: Discurso del Papa Francisco a la 70 Asamblea General de las Naciones Unidas.
Publicado por ACI Prensa.
NUEVA YORK, 25 Sep. 15 / 07:12 am (ACI).- El Papa Francisco llegó este viernes 25 de septiembre a la sede de la Organización de las Naciones Unidas y pronunció un histórico discurso en español ante decenas de líderes del mundo que participan de la 70° Asamblea General de esta organización. A continuación el texto completo del Santo Padre:
Una vez más, siguiendo una tradición de la que me siento honrado, el Secretario General de las Naciones Unidas ha invitado al Papa a dirigirse a esta honorable Asamblea de las Naciones. En nombre propio y en el de toda la comunidad católica, Señor Ban Ki-moon, quiero expresarle el más sincero y cordial agradecimiento. Agradezco también sus amables palabras.
Saludo asimismo a los Jefes de Estado y de Gobierno aquí presentes, a los Embajadores, diplomáticos y funcionarios políticos y técnicos que los acompañan, al personal de las Naciones Unidas empeñado en esta 70 Sesión de la Asamblea General, al personal de todos los programas y agencias de la familia de la ONU, y a todos los que de un modo u otro participan de esta reunión. Por medio de ustedes saludo también a los ciudadanos de todas las naciones representadas en este encuentro. Gracias por los esfuerzos de todos y de cada uno en bien de la humanidad.
Esta es la quinta vez que un Papa visita las Naciones Unidas. Lo hicieron mis predecesores Pablo VI en 1965, Juan Pablo II en 1979 y 1995 y, mi más reciente predecesor, hoy el Papa Emérito Benedicto XVI, en 2008. Todos ellos no ahorraron expresiones de reconocimiento para la Organización, considerándola la respuesta jurídica y política adecuada al momento histórico, caracterizado por la superación tecnológica de las distancias y fronteras y, aparentemente, de cualquier límite natural a la afirmación del poder. Una respuesta imprescindible ya que el poder tecnológico, en manos de ideologías nacionalistas o falsamente universalistas, es capaz de producir tremendas atrocidades. No puedo por menos que asociarme al aprecio de mis predecesores, reafirmando la importancia que la Iglesia Católica concede a esta institución y las esperanzas que pone en sus actividades.
La historia de la comunidad organizada de los Estados, representada por las Naciones Unidas, que festeja en estos días su 70 aniversario, es una historia de importantes éxitos comunes, en un período de inusitada aceleración de los acontecimientos. Sin pretensión de exhaustividad, se puede mencionar la codificación y el desarrollo del derecho internacional, la construcción de la normativa internacional de derechos humanos, el perfeccionamiento del derecho humanitario, la solución de muchos conflictos y operaciones de paz y reconciliación, y tantos otros logros en todos los campos de la proyección internacional del quehacer humano.
Todas estas realizaciones son luces que contrastan la oscuridad del desorden causado por las ambiciones descontroladas y los egoísmos colectivos. Es cierto que aún son muchos los graves problemas no resueltos, pero también es evidente que, si hubiera faltado toda esa actividad internacional, la humanidad podría no haber sobrevivido al uso descontrolado de sus propias potencialidades. Cada uno de estos progresos políticos, jurídicos y técnicos son un camino de concreción del ideal de la fraternidad humana y un medio para su mayor realización.
Rindo pues, homenaje a todos los hombres y mujeres que han servido leal y sacrificadamente a toda la humanidad en estos 70 años. En particular, quiero recordar hoy a los que han dado su vida por la paz y la reconciliación de los pueblos, desde Dag Hammarskjöld hasta los muchísimos funcionarios de todos los niveles, fallecidos en las misiones humanitarias, de paz y reconciliación.
La experiencia de estos 70 años, más allá de todo lo conseguido, muestra que la reforma y la adaptación a los tiempos siempre es necesaria, progresando hacia el objetivo último de conceder a todos los países, sin excepción, una participación y una incidencia real y equitativa en las decisiones. Esta necesidad de una mayor equidad, vale especialmente para los cuerpos con efectiva capacidad ejecutiva, como es el caso del Consejo de Seguridad, los organismos financieros y los grupos o mecanismos especialmente creados para afrontar las crisis económicas. Esto ayudará a limitar todo tipo de abuso o usura sobre todo con los países en vías de desarrollo. Los organismos financieros internacionales han de velar por el desarrollo sostenible de los países y la no sumisión asfixiante de éstos a sistemas crediticios que, lejos de promover el progreso, someten a las poblaciones a mecanismos de mayor pobreza, exclusión y dependencia.
La labor de las Naciones Unidas, a partir de los postulados del Preámbulo y de los primeros artículos de su Carta Constitucional, puede ser vista como el desarrollo y la promoción de la soberanía del derecho, sabiendo que la justicia es requisito indispensable para obtener el ideal de la fraternidad universal. En este contexto, cabe recordar que la limitación del poder es una idea implícita en el concepto de derecho. Dar a cada uno lo suyo, siguiendo la definición clásica de justicia, significa que ningún individuo o grupo humano se puede considerar omnipotente, autorizado a pasar por encima de la dignidad y de los derechos de las otras personas singulares o de sus agrupaciones sociales. La distribución fáctica del poder (político, económico, de defensa, tecnológico, etc.) entre una pluralidad de sujetos y la creación de un sistema jurídico de regulación de las pretensiones e intereses, concreta la limitación del poder. El panorama mundial hoy nos presenta, sin embargo, muchos falsos derechos, y –a la vez– grandes sectores indefensos, víctimas más bien de un mal ejercicio del poder: el ambiente natural y el vasto mundo de mujeres y hombres excluidos. Dos sectores íntimamente unidos entre sí, que las relaciones políticas y económicas preponderantes han convertido en partes frágiles de la realidad. Por eso hay que afirmar con fuerza sus derechos, consolidando la protección del ambiente y acabando con la exclusión.
Ante todo, hay que afirmar que existe un verdadero «derecho del ambiente» por un doble motivo. Primero, porque los seres humanos somos parte del ambiente. Vivimos en comunión con él, porque el mismo ambiente comporta límites éticos que la acción humana debe reconocer y respetar. El hombre, aun cuando está dotado de «capacidades inéditas» que «muestran una singularidad que trasciende el ámbito físico y biológico» (Laudato si’, 81), es al mismo tiempo una porción de ese ambiente. Tiene un cuerpo formado por elementos físicos, químicos y biológicos, y solo puede sobrevivir y desarrollarse si el ambiente ecológico le es favorable. Cualquier daño al ambiente, por tanto, es un daño a la humanidad. Segundo, porque cada una de las creaturas, especialmente las vivientes, tiene un valor en sí misma, de existencia, de vida, de belleza y de interdependencia con las demás creaturas. Los cristianos, junto a otras religiones monoteístas, creemos que el universo proviene de una decisión de amor del Creador, que permite al hombre servirse respetuosamente de la creación para el bien de sus semejantes y para gloria del Creador, pero que no puede abusar de ella y mucho menos está autorizado a destruirla. Para todas las creencias religiosas, el ambiente es un bien fundamental (cf. ibíd., 81).
El abuso y la destrucción del ambiente, al mismo tiempo, van acompañados por un imparable proceso de exclusión. En efecto, un afán egoísta e ilimitado de poder y de bienestar material lleva tanto a abusar de los recursos materiales disponibles como a excluir a los débiles y con menos habilidades, ya sea por tener capacidades diferentes, discapacidades o porque están privados de los conocimientos e instrumentos técnicos adecuados o poseen insuficiente capacidad de decisión política. La exclusión económica y social es una negación total de la fraternidad humana y un gravísimo atentado a los derechos humanos y al ambiente. Los más pobres son los que más sufren estos atentados por un triple grave motivo: son descartados por la sociedad, son al mismo tiempo obligados a vivir del descarte y deben injustamente sufrir las consecuencias del abuso del ambiente. Estos fenómenos conforman la hoy tan difundida e inconscientemente consolidada «cultura del descarte».
Lo dramático de toda esta situación de exclusión e inequidad, con sus claras consecuencias, me lleva junto a todo el pueblo cristiano y a tantos otros a tomar conciencia también de mi grave responsabilidad al respecto, por lo cual alzo mi voz, junto a la de todos aquellos que anhelan soluciones urgentes y efectivas. La adopción de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible en la Cumbre mundial que iniciará hoy mismo, es una importante señal de esperanza. Confío también que la Conferencia de París sobre el cambio climático logre acuerdos fundamentales y eficaces.
No bastan, sin embargo, los compromisos asumidos solemnemente, aunque constituyen, ciertamente, un paso necesario para las soluciones. La definición clásica de justicia a que aludí anteriormente contiene como elemento esencial una voluntad constante y perpetua: Iustitia est constans et perpetua voluntas ius suum cuique tribuendi. El mundo reclama de todos los gobernantes una voluntad efectiva, práctica, constante, de pasos concretos y medidas inmediatas, para preservar y mejorar el ambiente natural y vencer cuanto antes el fenómeno de la exclusión social y económica, con sus tristes consecuencias de trata de seres humanos, comercio de órganos y tejidos humanos, explotación sexual de niños y niñas, trabajo esclavo, incluyendo la prostitución, tráfico de drogas y de armas, terrorismo y crimen internacional organizado. Es tal la magnitud de esta situación y el grado de vidas inocentes que va cobrando, que hemos de evitar toda tentación de caer en un nominalismo declaracionista con efecto tranquilizador en las conciencias. Debemos cuidar que nuestras instituciones sean realmente efectivas en la lucha contra todos estos flagelos.
La multiplicidad y complejidad de los problemas exige contar con instrumentos técnicos de medida. Esto, empero, comporta un doble peligro: limitarse al ejercicio burocrático de redactar largas enumeraciones de buenos propósitos –metas, objetivos e indicadores estadísticos–, o creer que una única solución teórica y apriorística dará respuesta a todos los desafíos. No hay que perder de vista, en ningún momento, que la acción política y económica, solo es eficaz cuando se la entiende como una actividad prudencial, guiada por un concepto perenne de justicia y que no pierde de vista en ningún momento que, antes y más allá de los planes y programas, hay mujeres y hombres concretos, iguales a los gobernantes, que viven, luchan, sufren, y que muchas veces se ven obligados a vivir miserablemente, privados de cualquier derecho.
Para que estos hombres y mujeres concretos puedan escapar de la pobreza extrema, hay que permitirles ser dignos actores de su propio destino. El desarrollo humano integral y el pleno ejercicio de la dignidad humana no pueden ser impuestos. Deben ser edificados y desplegados por cada uno, por cada familia, en comunión con los demás hombres y en una justa relación con todos los círculos en los que se desarrolla la socialidad humana –amigos, comunidades, aldeas y municipios, escuelas, empresas y sindicatos, provincias, naciones–. Esto supone y exige el derecho a la educación –también para las niñas, excluidas en algunas partes–, derecho a la educación que se asegura en primer lugar respetando y reforzando el derecho primario de las familias a educar, y el derecho de las Iglesias y de las agrupaciones sociales a sostener y colaborar con las familias en la formación de sus hijas e hijos. La educación, así concebida, es la base para la realización de la Agenda 2030 y para recuperar el ambiente.
Al mismo tiempo, los gobernantes han de hacer todo lo posible a fin de que todos puedan tener la mínima base material y espiritual para ejercer su dignidad y para formar y mantener una familia, que es la célula primaria de cualquier desarrollo social. Este mínimo absoluto tiene en lo material tres nombres: techo, trabajo y tierra; y un nombre en lo espiritual: libertad de espíritu, que comprende la libertad religiosa, el derecho a la educación y todos los otros derechos cívicos.
Por todo esto, la medida y el indicador más simple y adecuado del cumplimiento de la nueva Agenda para el desarrollo será el acceso efectivo, práctico e inmediato, para todos, a los bienes materiales y espirituales indispensables: vivienda propia, trabajo digno y debidamente remunerado, alimentación adecuada y agua potable; libertad religiosa, y más en general libertad de espíritu y educación. Al mismo tiempo, estos pilares del desarrollo humano integral tienen un fundamento común, que es el derecho a la vida y, más en general, el que podríamos llamar el derecho a la existencia de la misma naturaleza humana.
La crisis ecológica, junto con la destrucción de buena parte de la biodiversidad, puede poner en peligro la existencia misma de la especie humana. Las nefastas consecuencias de un irresponsable desgobierno de la economía mundial, guiado solo por la ambición de lucro y del poder, deben ser un llamado a una severa reflexión sobre el hombre: «El hombre no es solamente una libertad que él se crea por sí solo. El hombre no se crea a sí mismo. Es espíritu y voluntad, pero también naturaleza» (Benedicto XVI, Discurso al Parlamento Federal de Alemania, 22 septiembre 2011; citado en Laudato si’, 6). La creación se ve perjudicada «donde nosotros mismos somos las últimas instancias [...] El derroche de la creación comienza donde no reconocemos ya ninguna instancia por encima de nosotros, sino que solo nos vemos a nosotros mismos» (Id., Discurso al Clero de la Diócesis de Bolzano-Bressanone, 6 agosto 2008; citado ibíd.). Por eso, la defensa del ambiente y la lucha contra la exclusión exigen el reconocimiento de una ley moral inscrita en la propia naturaleza humana, que comprende la distinción natural entre hombre y mujer (cf. Laudato si’, 155), y el absoluto respeto de la vida en todas sus etapas y dimensiones (cf. ibíd., 123; 136).
Sin el reconocimiento de unos límites éticos naturales insalvables y sin la actuación inmediata de aquellos pilares del desarrollo humano integral, el ideal de «salvar las futuras generaciones del flagelo de la guerra» (Carta de las Naciones Unidas, Preámbulo) y de «promover el progreso social y un más elevado nivel de vida en una más amplia libertad» (ibíd.) corre el riesgo de convertirse en un espejismo inalcanzable o, peor aún, en palabras vacías que sirven de excusa para cualquier abuso y corrupción, o para promover una colonización ideológica a través de la imposición de modelos y estilos de vida anómalos, extraños a la identidad de los pueblos y, en último término, irresponsables. La guerra es la negación de todos los derechos y una dramática agresión al ambiente. Si se quiere un verdadero desarrollo humano integral para todos, se debe continuar incansablemente con la tarea de evitar la guerra entre las naciones y entre los pueblos.
Para tal fin hay que asegurar el imperio incontestado del derecho y el infatigable recurso a la negociación, a los buenos oficios y al arbitraje, como propone la Carta de las Naciones Unidas, verdadera norma jurídica fundamental. La experiencia de los 70 años de existencia de las Naciones Unidas, en general, y en particular la experiencia de los primeros 15 años del tercer milenio, muestran tanto la eficacia de la plena aplicación de las normas internacionales como la ineficacia de su incumplimiento. Si se respeta y aplica la Carta de las Naciones Unidas con transparencia y sinceridad, sin segundas intenciones, como un punto de referencia obligatorio de justicia y no como un instrumento para disfrazar intenciones espurias, se alcanzan resultados de paz. Cuando, en cambio, se confunde la norma con un simple instrumento, para utilizar cuando resulta favorable y para eludir cuando no lo es, se abre una verdadera caja de Pandora de fuerzas incontrolables, que dañan gravemente las poblaciones inermes, el ambiente cultural e incluso el ambiente biológico.
El Preámbulo y el primer artículo de la Carta de las Naciones Unidas indican los cimientos de la construcción jurídica internacional: la paz, la solución pacífica de las controversias y el desarrollo de relaciones de amistad entre las naciones. Contrasta fuertemente con estas afirmaciones, y las niega en la práctica, la tendencia siempre presente a la proliferación de las armas, especialmente las de destrucción masiva como pueden ser las nucleares. Una ética y un derecho basados en la amenaza de destrucción mutua –y posiblemente de toda la humanidad– son contradictorios y constituyen un fraude a toda la construcción de las Naciones Unidas, que pasarían a ser «Naciones unidas por el miedo y la desconfianza». Hay que empeñarse por un mundo sin armas nucleares, aplicando plenamente el Tratado de no proliferación, en la letra y en el espíritu, hacia una total prohibición de estos instrumentos.
El reciente acuerdo sobre la cuestión nuclear en una región sensible de Asia y Oriente Medio es una prueba de las posibilidades de la buena voluntad política y del derecho, ejercidos con sinceridad, paciencia y constancia. Hago votos para que este acuerdo sea duradero y eficaz y dé los frutos deseados con la colaboración de todas las partes implicadas. En ese sentido, no faltan duras pruebas de las consecuencias negativas de las intervenciones políticas y militares no coordinadas entre los miembros de la comunidad internacional. Por eso, aun deseando no tener la necesidad de hacerlo, no puedo dejar de reiterar mis repetidos llamamientos en relación con la dolorosa situación de todo el Oriente Medio, del norte de África y de otros países africanos, donde los cristianos, junto con otros grupos culturales o étnicos e incluso junto con aquella parte de los miembros de la religión mayoritaria que no quiere dejarse envolver por el odio y la locura, han sido obligados a ser testigos de la destrucción de sus lugares de culto, de su patrimonio cultural y religioso, de sus casas y haberes y han sido puestos en la disyuntiva de huir o de pagar su adhesión al bien y a la paz con la propia vida o con la esclavitud.
Estas realidades deben constituir un serio llamado a un examen de conciencia de los que están a cargo de la conducción de los asuntos internacionales. No solo en los casos de persecución religiosa o cultural, sino en cada situación de conflicto, como en Ucrania, en Siria, en Irak, en Libia, en Sudán del Sur y en la región de los Grandes Lagos, hay rostros concretos antes que intereses de parte, por legítimos que sean. En las guerras y conflictos hay seres humanos singulares, hermanos y hermanas nuestros, hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, niños y niñas, que lloran, sufren y mueren. Seres humanos que se convierten en material de descarte cuando solo la actividad consiste solo en enumerar problemas, estrategias y discusiones.
Como pedía al Secretario General de las Naciones Unidas en mi carta del 9 de agosto de 2014, «la más elemental comprensión de la dignidad humana obliga a la comunidad internacional, en particular a través de las normas y los mecanismos del derecho internacional, a hacer todo lo posible para detener y prevenir ulteriores violencias sistemáticas contra las minorías étnicas y religiosas» y para proteger a las poblaciones inocentes.
En esta misma línea quisiera hacer mención a otro tipo de conflictividad no siempre tan explicitada pero que silenciosamente viene cobrando la muerte de millones de personas. Otra clase de guerra que viven muchas de nuestras sociedades con el fenómeno del narcotráfico. Una guerra «asumida» y pobremente combatida. El narcotráfico por su propia dinámica va acompañado de la trata de personas, del lavado de activos, del tráfico de armas, de la explotación infantil y de otras formas de corrupción. Corrupción que ha penetrado los distintos niveles de la vida social, política, militar, artística y religiosa, generando, en muchos casos, una estructura paralela que pone en riesgo la credibilidad de nuestras instituciones.
Comencé esta intervención recordando las visitas de mis predecesores.
Quisiera ahora que mis palabras fueran especialmente como una continuación de las palabras finales del discurso de Pablo VI, pronunciado hace casi exactamente 50 años, pero de valor perenne, cito: «Ha llegado la hora en que se impone una pausa, un momento de recogimiento, de reflexión, casi de oración: volver a pensar en nuestro común origen, en nuestra historia, en nuestro destino común. Nunca, como hoy, [...] ha sido tan necesaria la conciencia moral del hombre, porque el peligro no viene ni del progreso ni de la ciencia, que, bien utilizados, podrán [...] resolver muchos de los graves problemas que afligen a la humanidad» (Discurso a los Representantes de los Estados, 4 de octubre de 1965).
Entre otras cosas, sin duda, la genialidad humana, bien aplicada, ayudará a resolver los graves desafíos de la degradación ecológica y de la exclusión. Continúo con Pablo VI: «El verdadero peligro está en el hombre, que dispone de instrumentos cada vez más poderosos, capaces de llevar tanto a la ruina como a las más altas conquistas» (ibíd.). Hasta aquí Pablo VI.
La casa común de todos los hombres debe continuar levantándose sobre una recta comprensión de la fraternidad universal y sobre el respeto de la sacralidad de cada vida humana, de cada hombre y cada mujer; de los pobres, de los ancianos, de los niños, de los enfermos, de los no nacidos, de los desocupados, de los abandonados, de los que se juzgan descartables porque no se los considera más que números de una u otra estadística. La casa común de todos los hombres debe también edificarse sobre la comprensión de una cierta sacralidad de la naturaleza creada.
Tal comprensión y respeto exigen un grado superior de sabiduría, que acepte la trascendencia de uno mismo, que renuncie a la construcción de una elite omnipotente, y comprenda que el sentido pleno de la vida singular y colectiva se da en el servicio abnegado de los demás y en el uso prudente y respetuoso de la creación para el bien común. Repitiendo las palabras de Pablo VI, «el edificio de la civilización moderna debe levantarse sobre principios espirituales, los únicos capaces no sólo de sostenerlo, sino también de iluminarlo» (ibíd.).
El gaucho Martín Fierro, un clásico de la literatura en mi tierra natal, canta: «Los hermanos sean unidos porque esa es la ley primera. Tengan unión verdadera en cualquier tiempo que sea, porque si entre ellos pelean, los devoran los de afuera».
El mundo contemporáneo, aparentemente conexo, experimenta una creciente y sostenida fragmentación social que pone en riesgo «todo fundamento de la vida social» y por lo tanto «termina por enfrentarnos unos con otros para preservar los propios intereses» (Laudato si’, 229).
El tiempo presente nos invita a privilegiar acciones que generen dinamismos nuevos en la sociedad hasta que fructifiquen en importantes y positivos acontecimientos históricos (cf. Evangelii gaudium, 223). No podemos permitirnos postergar «algunas agendas» para el futuro. El futuro nos pide decisiones críticas y globales de cara a los conflictos mundiales que aumentan el número de excluidos y necesitados.
La laudable construcción jurídica internacional de la Organización de las Naciones Unidas y de todas sus realizaciones, perfeccionable como cualquier otra obra humana y, al mismo tiempo, necesaria, puede ser prenda de un futuro seguro y feliz para las generaciones futuras. Y lo será si los representantes de los Estados sabrán dejar de lado intereses sectoriales e ideologías, y buscar sinceramente el servicio del bien común. Pido a Dios Todopoderoso que así sea, y les aseguro mi apoyo, mi oración y el apoyo y las oraciones de todos los fieles de la Iglesia Católica, para que esta Institución, todos sus Estados miembros y cada uno de sus funcionarios, rinda siempre un servicio eficaz a la humanidad, un servicio respetuoso de la diversidad y que sepa potenciar, para el bien común, lo mejor de cada pueblo y de cada ciudadano. Que Dios los bendiga a Todos. / Publicado por ACI Prensa.--
Papa en la ONU USA, durante su discurso en la 70° Asamblea General de esta organización
Imagen: Captura de pantalla de vídeo en YouTube, de Vatican
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CIUDAD DEL VATICANO (Reuters) - El Papa Francisco no utilizará vehículos blindados durante su viaje a Oriente Medio este mes e insistió en usar un automóvil normal y poder estar lo más cerca posible de la gente, dijo el jueves el Vaticano.
La Santa Sede, al informar a periodistas sobre el viaje, también confirmó que un rabino y un líder islámico, ambos amigos del Papa, acompañarán a Francisco en su viaje en una señal de la importancia que el pontífice le da al diálogo interreligioso.
Francisco visitará Jordania, los territorios palestinos e Israel durante el viaje que realizará entre el 24 y el 26 de mayo, el primero como Papa a la región.
"El Papa quiere un papamóvil abierto y un automóvil normal. La seguridad local tomó el deseo del Papa en consideración", dijo el portavoz del Vaticano, el sacerdote Federico Lombardi.
Lombardi dijo que no esperan escenas similares a lo que ocurrió durante la visita a Brasil, cuando la multitud superó la barrera de seguridad y rodeó el automóvil del Papa porque en Oriente Medio los católicos son minoría.
Dijo también que el Vaticano no estaba muy preocupado por amenazas a los cristianos expresadas por supuestos extremistas judíos en propiedades cristianas en Tierra Santa.
El Papa invitó al rabino y al líder islámico a hacer el viaje con él para enviar lo que Lombardi llamó "una señal extremadamente fuerte y explícita" sobre la importancia del diálogo interreligioso en la región, que ha visto tantos conflictos.
Ambos acompañarán al Papa en todos los eventos, dijo Lombardi, por lo que el rabino Abraham Skorka visitará los territorios palestinos y un sitio islámico clave en Jerusalén, mientras que su amigo musulmán, Omar Abboud, director del Instituto por el Diálogo Religioso en Buenos Aires, estará en el Muro de los Lamentos y en el memorial del Holocausto Yad Vashem.
El viaje, la cuarta visita de un Papa a Tierra Santa desde tiempos bíblicos, marca el 50 aniversario de un histórico viaje a la región del Papa Pablo VI. El Papa Juan Pablo II viajó a la zona en el 2000 y Benedicto XVI en el 2009. / Por Philip Pullella para Reuters. (Editado en español por Patricia Avila).--
El 16 de abril del 2007, la violinista estadounidense, ganadora de dos premios Grammy, Hilary Hahn, participó como solista con la Orquesta Sinfónica de la Radio de Stuttgart, en un concierto dirigido por Gustavo Dudamel, para conmemorar el octogésimo cumpleaños del Papa Benedicto XVI.
La pieza del vídeo es el Concierto para violín n.º 3, "Straßburg", en sol mayor, K. 216, fue compuesto por Wolfgang Amadeus Mozart en Salzburgo en 1775, cuando Mozart tenía tan solo diecinueve años de edad.
En una histórica celebración a la que asistieron el papa emérito Benedicto XVI, más de mil pastores entre cardenales, obispos y sacerdotes, y cientos de miles de fieles en la Plaza San Pedro y en Roma, seguida por el mundo católico, el papa Francisco proclamó santos a Juan Pablo II y Juan XXIII.
Una ceremonia realmente sin precedentes en la historia se efectuó conjuntamente la canonización de Juan XXIII y Juan Pablo II durante la Misa concelebrada por cardenales, obispos y sacerdotes, incluyendo al Pontífice Emérito Benedicto XVI.
El texto completo de la homilía del papa Francisco es el siguiente (Fuente: ACI Prensa):
Papa Francisco durante la homilia
Imagen: captura de pantalla del vídeo de Acitv
“En el centro de este domingo, con el que se termina la octava de pascua, y que San Juan Pablo II quiso dedicar a la Divina Misericordia, están las llagas gloriosas de Cristo resucitado.
Él ya las enseñó la primera vez que se apareció a los apóstoles la misma tarde del primer día de la semana, el día de la resurrección. Pero Tomás aquella tarde no estaba; y, cuando los demás le dijeron que habían visto al Señor, respondió que, mientras no viera y tocara aquellas llagas, no lo creería. Ocho días después, Jesús se apareció de nuevo en el cenáculo, en medio de los discípulos, y Tomás también estaba; se dirigió a él y lo invitó a tocar sus llagas. Y entonces, aquel hombre sincero, aquel hombre acostumbrado a comprobar personalmente las cosas, se arrodilló delante de Jesús y dijo: «Señor mío y Dios mío» (Jn 20,28).
Las llagas de Jesús son un escándalo para la fe, pero son también la comprobación de la fe. Por eso, en el cuerpo de Cristo resucitado las llagas no desaparecen, permanecen, porque aquellas llagas son el signo permanente del amor de Dios por nosotros, y son indispensables para creer en Dios. No para creer que Dios existe, sino para creer que Dios es amor, misericordia, fidelidad. San Pedro, citando a Isaías, escribe a los cristianos: «Sus heridas nos han curado» (1 P 2,24; cf. Is 53,5).
San Juan XXIII y San Juan Pablo II tuvieron el valor de mirar las heridas de Jesús, de tocar sus manos llagadas y su costado traspasado. No se avergonzaron de la carne de Cristo, no se escandalizaron de él, de su cruz; no se avergonzaron de la carne del hermano (cf. Is 58,7), porque en cada persona que sufría veían a Jesús. Fueron dos hombres valerosos, llenos de la parresía del Espíritu Santo, y dieron testimonio ante la Iglesia y el mundo de la bondad de Dios, de su misericordia.
Fueron sacerdotes, obispos y papas del siglo XX. Conocieron sus tragedias, pero no se abrumaron. En ellos, Dios fue más fuerte; fue más fuerte la fe en Jesucristo Redentor del hombre y Señor de la historia; en ellos fue más fuerte la misericordia de Dios que se manifiesta en estas cinco llagas; más fuerte la cercanía materna de María.
En estos dos hombres contemplativos de las llagas de Cristo y testigos de su misericordia había «una esperanza viva», junto a un «gozo inefable y radiante» (1 P 1,3.8). La esperanza y el gozo que Cristo resucitado da a sus discípulos, y de los que nada ni nadie les podrá privar. La esperanza y el gozo pascual, purificados en el crisol de la humillación, del vaciamiento, de la cercanía a los pecadores hasta el extremo, hasta la náusea a causa de la amargura de aquel cáliz. Ésta es la esperanza y el gozo que los dos papas santos recibieron como un don del Señor resucitado, y que a su vez dieron abundantemente al Pueblo de Dios, recibiendo de él un reconocimiento eterno.
Esta esperanza y esta alegría se respiraban en la primera comunidad de los creyentes, en Jerusalén, como se nos narra en los Hechos de los Apóstoles (cf. 2,42-47). Es una comunidad en la que se vive la esencia del Evangelio, esto es, el amor, la misericordia, con simplicidad y fraternidad.
Y ésta es la imagen de la Iglesia que el Concilio Vaticano II tuvo ante sí. Juan XXIII y Juan Pablo II colaboraron con el Espíritu Santo para restaurar y actualizar la Iglesia según su fisonomía originaria, la fisonomía que le dieron los santos a lo largo de los siglos.
No olvidemos que son precisamente los santos quienes llevan adelante y hacen crecer la Iglesia. En la convocatoria del Concilio, San Juan XXIII demostró una delicada docilidad al Espíritu Santo, se dejó conducir y fue para la Iglesia un pastor, un guía-guiado. Éste fue su gran servicio a la Iglesia; fue el Papa de la docilidad al Espíritu.
En este servicio al Pueblo de Dios, San Juan Pablo II fue el Papa de la familia. Él mismo, una vez, dijo que así le habría gustado ser recordado, como el Papa de la familia. Me gusta subrayarlo ahora que estamos viviendo un camino sinodal sobre la familia y con las familias, un camino que él, desde el Cielo, ciertamente acompaña y sostiene.
Que estos dos nuevos santos pastores del Pueblo de Dios intercedan por la Iglesia, para que, durante estos dos años de camino sinodal, sea dócil al Espíritu Santo en el servicio pastoral a la familia. Que ambos nos enseñen a no escandalizarnos de las llagas de Cristo, a adentrarnos en el misterio de la misericordia divina que siempre espera, siempre perdona, porque siempre ama”. (ACI Prensa)
Juan XXIII, nacido Angelo Giuseppe Roncalli en Sotto il Monte, Bérgamo, Lombardía, Italia, 25 de noviembre de 1881, facelleció en la Ciudad del Vaticano, 3 de junio de 1963. Fue el papa número 261 de la Iglesia católica entre 1958 y 1963.
Fue beatificado en el año 2000, por el papa Juan Pablo II, durante el «Gran Jubileo» de dicho año. El 5 de julio de 2013 el papa Francisco firmó el decreto que autoriza la canonización de Juan XXIII, que se efectúa conjuntamente con la de Juan Pablo II mañana, 27 de abril de 2014.
Karol Józef Wojtyła, nuestro recordado y querido Juan Pablo II, nación en Wadowice, Polonia, el 18 de mayo de 1920, falleción en laCiudad del Vaticano el 2 de abril de 2005, fue el 264.º papa de la Iglesia católica y jefe de Estado de la Ciudad del Vaticano desde el 16 de octubre de 1978 hasta su muerte en 2005.
El director del Grupo ACI, Alejandro Bermúdez, nos ofrece en éste vídeo una reflexión de la personalidad y obra del increible Karol Wojtyla.
El 19 de diciembre de 2009, Juan Pablo II fue proclamado venerable por su sucesor, el papa Benedicto XVI, quien posteriormente presidió la ceremonia de su beatificación el 1 de mayo de 2011. El 30 de septiembre de 2013 el papa Francisco anunció que Juan Pablo II sería proclamado santo, al mismo tiempo que Juan XXIII, en una ceremonia conjunta el 27 de abril de 2014.
Como en Roma, todos los católicos nos preparamos para canonización de Juan XXIII y Juan Pablo II. Mañana el gran día para nuestra Santa Iglesia Católica.
Hoy recordamos, en el noveno aniversario de su partida, al beato Juan Pablo II. Nuestro querido Papa viajero que fue a la presencia de nuestro Señor.
En julio de 2013, el Papa Francisco ha aprobado el decreto por el que canonizará a los beatos Juan Pablo II y Juan XXIII. Juan Pablo II fue beatificado el 1 de mayo de 2011, tras aprobarse un primer milagro con la firma del ahora Papa emérito Benedicto XVI.
Recordando a Juan Pablo II a nueve años de su partida
Según las noticias "se espera una verdadera invasión en el Vaticano el 27 de abril próximo, cuando en una misa solemne Francisco canonizará a Juan Pablo II y a Juan XXIII".
El papa Francisco recordó especialmente a Juan Pablo II al cumplirse un nuevo aniversario de su partida, "Al cumplirse hoy, 2 de abril, 9 años del fallecimiento del Beato Juan Pablo II, el Papa Francisco lo recordó y le dedicó unas palabras durante la Audiencia General. Esto lo hizo al saludar a los peregrinos de lengua polaca presentes en la Plaza de San Pedro" (aciprensa).
El Santo Padre señaló que “este aniversario dirige nuestro pensamiento hacia el día de su canonización que celebramos a fines de mes. La espera de este acontecimiento sea para nosotros la ocasión para prepararse espiritualmente y para reavivar el patrimonio de la fe dejado por él” (aciprensa).
El Papa Francisco ha aprobado el decreto por el que canonizará a los beatos Juan Pablo II y Juan XXIII, según ha explicado el portavoz de la Oficina de Prensa del Vaticano, el padre Federico Lombardi.
Los cardenales y obispos de la Congregación para las Causas de los Santos aprobaron este martes el segundo milagro atribuido al beato Juan Pablo II y que abre las puertas a su canonización, según informaban fuentes vaticanas.
Aunque todavía no había confirmación oficial, las mismas fuentes barajaban la fecha del 24 de noviembre, el término de la celebración del Año de la Fe, o el 8 de diciembre, como posibles fechas para la ceremonia de canonización de Juan Pablo II.
Además, la prensa italiana ya indicaba el martes que la ceremonia de canonización de Juan Pablo II podría realizarse junto con la de Juan XXIII, conocido como el 'Papa bueno'.
Así, el diario italiano 'La Stampa' señalaba este martes que "inesperadamente, los cardenales y obispos también tendrán que discutir sobre otro caso, que se ha añadido en estos últimos días, el de la canonización de Juan XXIII", el Pontífice que convocó el Concilio Vaticano II, fallecido hace 50 años y cuya beatificación se produjo en el año 2000.
En esta línea, precisaba que este cambio "no previsto" demuestra "la voluntad para celebrar juntas" las dos ceremonias de canonización y señala que Wojtyla y Roncalli "podrían ser santificados es diciembre de 2013, inmediatamente después de que termine el Año de la Fe, dado que la hipótesis inicial de octubre parece cada vez menos plausible por la falta de tiempo y por problemas de organización".
Karol Wojtyla fue beatificado el 1 de mayo de 2011, tras aprobarse un primer milagro con la firma del ahora Papa emérito Benedicto XVI. En aquella ocasión, se trató de la curación, dos meses después de su muerte, de la monja francesa Marie Simon Pierre, que padecía desde 2001 la enfermedad de Parkinson, la misma que sufrió Juan Pablo II en sus últimos años.
Por su parte, Juan XXIII fue beatificado por Juan Pablo II en septiembre de 2000, durante el Jubileo, en la misma celebración de la beatificación de Pío IX. En aquella ocasión, el milagro aprobado para su beatificación la curación de sor Caterina Capitani en 1966.
El Papa Juan XXIII convocó el Concilio Vaticano II y murió mientras el Concilio seguía su curso, muchos obispos propusieron proclamar al 'Papa bueno' santo por aclamación, pero su sucesor, Pablo VI, prefirió seguir las vías canónicas, por lo que se puso en marcha un proceso canónico y después fue beatificado con su predecesor Pío XII.
El papa Francisco en marzo de 2013. Visto en Wikipedia.
VATICANO, 05 Jun. 13 / 10:05 am (ACI/EWTN Noticias).- El Papa Francisco dedicó la catequesis de hoy en la Audiencia General a reflexionar sobre el Día Mundial del Medio Ambiente, e hizo un llamado a no desperdiciar el alimento, que al ser botado a la basura es robado de la mesa de los pobres. El Papa también indicó que es urgente la ecología humana porque el ser humano está en peligro.
A continuación el texto completo de la catequesis:
Queridos hermanos y hermanas, ¡Buenos días!
Hoy quiero centrarme en el tema del medio ambiente, como ya he tenido ocasión de hacerlo en varias ocasiones. Me lo sugiere el Día Mundial del Medio Ambiente que celebramos hoy, patrocinado por las Naciones Unidas, que lanza un fuerte llamado a de la necesidad de eliminar los desperdicios y la destrucción de los alimentos.
Cuando hablamos de medio ambiente, de la creación, mi pensamiento se dirige a las primeras páginas de la Biblia, al Libro del Génesis, donde se afirma que Dios puso al hombre y a la mujer en la tierra para que la cultivaran y la cuidaran (cf. 2:15). Y me pregunto: ¿Qué significa cultivar y cuidar la tierra? ¿Realmente estamos cultivando y resguardando lo creado?, ¿o lo estamos explotando y descuidando?
El verbo "cultivar" me recuerda la atención que el agricultor tiene por su tierra, para que dé frutos, y éstos sean compartidos: ¡cuánta atención, pasión y dedicación! Cultivar y cuidar la creación es una indicación de Dios dada no sólo al principio de la historia, sino a cada uno de nosotros; es parte de su proyecto; significa hacer crecer el mundo con responsabilidad, transformarlo para que sea un jardín, un lugar habitable para todos. Y Benedicto XVI ha recordado en varias ocasiones que esta tarea, confiada a nosotros por Dios Creador, requiere que se capte el ritmo y la lógica de la creación.
Nosotros, en cambio, a menudo llevados por la soberbia del dominio, del poseer, de manipular, de explotar; no, no "custodiamos la creación", no la respetamos, no la consideramos como un don gratuito que debemos cuidar. Estamos perdiendo la actitud de la admiración, de la contemplación, de la escucha de la creación; y por lo tanto ya no somos capaces de leer lo que Benedicto XVI llama "el ritmo de la historia de amor entre Dios y el hombre." ¿Por qué sucede esto? Porque pensamos y vivimos de una manera horizontal, nos hemos alejado de Dios, no leemos sus signos.
Pero "cultivar y cuidar" incluye no sólo la relación entre nosotros y el medio ambiente, entre el hombre y la creación, sino que comprende también las relaciones humanas. Los Papas han hablado de ecología humana, estrechamente vinculado a la ecología ambiental. Estamos viviendo un momento de crisis; lo vemos en el ambiente, pero sobre todo lo vemos en el hombre. ¡La persona humana está en peligro! – esto es cierto ¡hoy la persona humana está en peligro! ¡He aquí la urgencia de la ecología humana! Y el peligro es grave porque la causa del problema no es superficial, sino profunda: no es sólo una cuestión de economía, sino de ética y de antropología.
La Iglesia lo ha subrayado tantas veces. Y muchos dicen: sí es justo, es verdad... pero el sistema sigue como antes, porque las que dominan son las dinámicas de una economía y de una finanza que carecen de ética. El que manda hoy no es el hombre, es el dinero, el dinero. El dinero manda. Dios, nuestro Padre ha dado la tarea de custodiar la tierra, no el dinero. Sino de custodiarnos, a los hombres y las mujeres. Tenemos este deber.
Por lo tanto, hombres y mujeres son sacrificados a los ídolos de la ganancia y del consumo: es ‘la cultura del descarte’. Si se estropea un ordenador es una tragedia, pero la pobreza, las necesidades y los dramas de tantas personas acaban entrando en la normalidad... Si una noche de invierno, aquí cerca - en la plaza Ottaviano, por ejemplo, muere una persona, esa no es una noticia. Si en tantas partes del mundo hay niños que no tienen qué comer, esa no es una noticia, parece normal. ¡Esto no puede ser! Y estas cosas entran en la normalidad.
Que algunas personas sin techo se mueran de frío en la calle no es noticia. Por el contrario, por ejemplo, una bajada de diez puntos en las bolsas de algunas ciudades, eso sí se vuelve una tragedia. La persona que muere no es noticia, pero si las bolsas bajan diez puntos, es una tragedia. De este modo, las personas son descartables, nosotros las personas somos descartables, como desechos.
Esta "cultura del descarte" tiende a convertirse en mentalidad común, que contagia a todos. La vida humana, la persona ya no se perciben como un valor primordial que ha de ser respetado y protegido, especialmente si son pobres o discapacitados, si aún no sirve -como el niño que está por nacer- o ya no es necesario -como los ancianos. Esta cultura del descarte nos ha hecho insensibles incluso a los desperdicios, a los residuos de los alimentos, que es aún más despreciable, cuando en todo el mundo, por desgracia, muchas personas y familias sufren hambre y desnutrición.
En el pasado, nuestros abuelos eran muy cuidadosos de no tirar nada de los restos de comida. El consumismo nos ha habituado tanto a lo superfluo y al desperdicio de la comida diaria, que a veces ya no somos capaces de dar el justo valor, que va mucho más allá de los simples parámetros económicos. ¡Recordemos bien, sin embargo, que la comida que se tira es como si fuera robada de la mesa de los pobres y de los hambrientos! Invito a todos a reflexionar sobre el problema del desperdicio y del derroche de los alimentos y buscar los medios que, abordando seriamente esta problemática, sean un vehículo de solidaridad y de compartir con los más necesitados.
Hace unos días, en la fiesta del Corpus Christi, hemos leído la historia del milagro de los panes: Jesús da de comer a la multitud con cinco panes y dos peces. Y la conclusión del pasaje es importante: " Todos comieron hasta saciarse y con lo que sobró se llenaron doce canastas". (Lc 9:17) ¡Jesús pide a sus discípulos que no se pierda nada: que no haya desperdicios! Y hay este hecho de las doce cestas: ¿Por qué doce? ¿Qué quiere decir esto? Doce es el número de las tribus de Israel, simbólicamente representa a todo el pueblo. Y esto nos explica que cuando la comida se comparte de manera justa, solidaria, no se priva a nadie de lo necesario, cada comunidad puede satisfacer las necesidades de los más pobres. La ecología humana y la ecología ambiental caminan juntas.
Quisiera, pues, que tomásemos todos el serio compromiso de respetar y proteger la creación, de estar atentos con todas las personas, de contrarrestar la cultura de los desperdicios y de descarte, para promover una cultura de la solidaridad y del encuentro. ¡Gracias! / ACI Prensa.
Un interesante vídeo de una entrevista exclusiva para Eternal World Television Network, EWTN, la cadena de radio y televisión católica más grande del mundo, del entonces Cardenal Jorge Mario Bergoglio, hoy Papa Francisco, donde compartió algunas reflexiones sobre el Año de la Fe, convocado por Benedicto XVI, la Iglesia en América Latina y las virtudes teologales: la fe, la esperanza y la caridad.
En el año 1978 Karol Jozef Wojtyla fue elegido Papa, eligió el nombre de Juan Pablo II, querido y recordado. Oriundo de Wadowice, Polonia. Fue el 264º Papa de la Iglesia católica y jefe de Estado de la Ciudad del Vaticano, hasta su fallecimiento el 2 de abril de 2005.
En 1978 Polonia estaba sometida tras la terrible cortina de hierro impuesta por los comunistas soviéticos a todas las naciones subyugadas por ellos en el este de Europa finalizada la Segunda Guerra Mundial. Polonia se presentaba como la República Popular de Polonia bajo la influencia soviética e imperaba el comunismo, pero el nombramiento inesperado de Juan Pablo II "tuvo un efecto electrizante sobre la oposición al comunismo en Polonia".
En agosto de 1980, se produjo una oleada de manifestaciones lideradas, entre otros, por el electricista Lech Wałęsa, fundador del sindicato independiente Solidaridad, y fue el principio del fin del comunismo en Polonia.
"Con las reformas de Mijaíl Gorbachov en la Unión Soviética, el aumento de la presión de la Iglesia Católica y de los sindicatos, junto a la masiva deuda externa, el gobierno de los comunistas se vio obligado a negociar con la oposición. En 1988, la Mesa de Negociaciones alteró radicalmente la estructura del gobierno polaco y de su sociedad. En abril de 1989, Solidaridad fue legalizada y se le permitió participar en las siguientes elecciones. Sus candidatos obtuvieron la victoria. En 1990, Jarurelski renunció a su mandato. Le sucedió Lech Wałęsa en diciembre. Hacia finales de agosto del siguiente año, ya se había formado el gobierno de Solidaridad, y en diciembre Wałęsa fue elegido presidente transformándose la República Popular de Polonia en la República de Polonia" (Wikipedia).
El nuevo gobierno fue apoyado por las potencias occidentales y la Iglesia Católica, que logró influir en el proceso, a través de sus líderes, afianzó la restauración de las libertades democráticas, así como al capitalismo y el libre mercado como bases del sistema económico, bajo un régimen multipartidista electoral parlamentario, dando lugar al moderno Estado polaco, que cambió su nombre oficial a República de Polonia.
Entre los años 2000 y 2004, Polonia solucionó en parte sus principales problemas macroeconómicos —déficit elevado y una inflación muy fluctuante—, lo que le permitió ingresar en la Unión Europea, y está llamada a ser un miembro de gran importancia.
"La economía polaca es hoy una de las más dinámicas de Europa y es el único estado europeo que no ha conocido la recesión durante la crisis de 2008-2011. A pesar de la crisis económica, la economía polaca está creciendo a un 1,7% (Q3 2009), lo cuál es el mejor resultado en la Unión Europea" (Wikipedia).
Es un País sólido con una economía interesante, según su PIB (PPA) ocupa la posición 19ª con US$ 802,1 millones (2012), y según su PIB (nominal) ocupa la posición 20ª con US$ 531,8 millones (2012) y un PIB per cápita de US$ 14.039. Con un Indice de Desarrollo Humano (0,813) muy alto, que la ubica en la 39ª posición.
Ayer tuvimos la gracia que se ha elegido a un nuevo Papa que dirigirá nuestra Iglesia Católica. El Cardenal argentino Jorge Mario Bergoglio ha elegido llamarse Francisco. "Sus primeros momentos como Papa recordaron a aquellos de Juan Pablo II, cuyo calor humano relució cuando salió al balcón en 1978" (WSJ).
Fue imposible no hacernos la consulta ¿pasará lo mismo en Argentina, como lo que pasó con Polonia?.
BUENOS AIRES— El cardenal de Argentina Jorge Mario Bergoglio, un jesuita y actual arzobispo de Buenos Aires, fue elegido Papa el miércoles por los cardenales que buscaban un candidato de consenso que pudiera unir las diferentes facciones de la Iglesia Católica y detener la pérdida de feligreses.
El Papa Francisco I enfrenta la enorme tarea de sanar las divisiones dentro de la jerarquía de la iglesia, y servir a 1.200 millones de fieles.
El nuevo Papa trae una amplia experiencia pastoral en Argentina, pero no está claro cuánta influencia tiene dentro de la Curia Romana, el cuerpo administrativo del Vaticano. Bergoglio nunca ha desempeñado una función relevante en la Curia.
El Papa de 76 años fue elegido por los 115 cardinales en el segundo día de votaciones. El Papa número 266 sucede al papa Benedicto XVI, quien renunció por razones de salud en febrero.
Nacido en Buenos Aires, Bergoglio fue ordenado sacerdote jesuita en 1969. Fue designado obispo en 1992 y seis años después nombrado arzobispo de Buenos Aires. Bergolio fue designado cardenal por Juan Pablo II en 2001.
Personas cercanas a Bergoglio afirman que se escapa a los boatos de la figura de cardenal y que prefiere ser llamado "Padre Jorge" en vez de responder a títulos más formales como "Cardenal" o "su eminencia". Suele desplazarse a las parroquias e iglesias en transporte públicos vestido como un cura común y corriente.
En el lenguaje de la iglesia en Argentina, es un "pastor" y no un "príncipe".
Ha buscado una iglesia abierta en vez de una que se encierra dentro de sus templos y lugares de culto. Bergoglio ha respaldado la tarea de sacerdotes que desempeñan su trabajo en las "villas", como se conocen a los asentamientos pobres en la capital y los alrededores de Buenos Aires.
Al mismo tiempo, es dueño de una lectura ortodoxa de temas sociales como el matrimonio homosexual, el aborto y la eutanasia. Se opuso profundamente a la legislación del matrimonio gay que se convirtió en ley en 2010 en Argentina.
La renuncia del Papa Benedicto XVI —la primera de un papa en más de 600 años— suscitó un debate sobre una serie de temas que incluyen la administración del banco del Vaticano y el lento ritmo de las reformas de la Curia Romana.
Los cardenales también han deliberado acerca de la necesidad de revivir el catolicismo en Europa, su hogar tradicional, y el desplazamiento demográfico hacia países en desarrollo en Latinoamérica y África. / The Wall Street Journal.
Argentino Bergoglio es el nuevo Papa y elige el nombre de Francisco I
CIUDAD DEL VATICANO (Reuters) - El argentino Jorge Bergoglio fue elegido el miércoles como Papa para liderar a la Iglesia Católica Romana, en una sorpresiva decisión, y dijo que tomará el nombre de Francisco I.
El Papa Francisco, de 76 años, apareció en el balcón de la Basílica de San Pedro una hora después de que emergiera humo blanco de la Capilla Sixtina, la señal de que se había elegido al nuevo líder de los 1.200 millones de católicos en el mundo.
La elección de Bergoglio, el primer Sumo Pontífice latinoamericano, fue anunciada por el cardenal francés Jean-Louis Tauran con la frase en latín "Annuntio vobis gaudium magnum. Habemus Papam" ("Les anuncio una gran alegría. Tenemos un Papa".
Francisco se convierte en el pontífice número 266 en los 2.000 años de historia de la Iglesia, una institución que atraviesa por una crisis causada por escándalos de abusos sexuales, disputas y burocracia al interior del Vaticano y la propagación del secularismo.
El Papa Francisco entregó su primera bendición a la multitud reunida en la Plaza San Pedro y pidió a los hombres y mujeres de buena lo en su tarea al frente de la Iglesia Católica.
Antes de entregar la primera bendición "urbi et orbe" como Papa, el nuevo jefe de la Iglesia dijo que el mundo debería emprender un sendero de amor y fraternidad.
"Como ustedes saben, el deber del cónclave es darle un obispo a Roma. Tal parece que mis hermanos cardenales fueron casi al fin del mundo" para escoger al nuevo pontífice, dijo Francisco.
El Papa agradeció en italiano a su predecesor Benedicto XVI por su labor al frente de la Iglesia Católica.
La elección de Francisco dio por tierra con una de las principales conjeturas previas a la elección, que el nuevo Papa debería ser relativamente joven.
El argentino es el hombre de más edad de la mayoría de los candidatos y apenas había sido nombrado en las listas previas de los grandes candidatos antes del cónclave.
Es el primer jesuita en convertirse en Papa.
Los cardenales eligieron a Bergoglio en el segundo día del cónclave para definir al sucesor de Benedicto XVI, quien renunció inesperadamente el mes pasado.
La decisión se produjo más rápido de lo esperado, en el primer día completo de votaciones de los 115 cardenales electores, quienes se recluyeron tras los muros de la Capilla Sixtina el martes por la tarde.
Una jubilosa multitud congregada en la Plaza San Pedro comenzó a aplaudir cuando emergió el humo blanco, tras haber esperado en medio de una persistente lluvia y el viento helado para presenciar un momento histórico.
Benedicto XVI renunció inesperadamente el mes pasado por considerar que su salud no era lo suficientemente fuerte como para encarar los desafíos de la Iglesia.
Sólo un hombre desde el comienzo del siglo XX, Pío XII, fue elegido en las primeras tres votaciones y, en promedio, han sido necesarias siete votaciones en los nueve últimos cónclaves. Benedicto XVI fue elegido en el 2005 después de cuatro votaciones.
EMOCION
La multitud emocionada gritó todavía más fuerte cuando apareció Francisco, el primer pontífice en tomar ese nombre. "Viva el Papa", gritaron.
"No lo esperaba, pero estoy absolutamente feliz. Es un momento único. Aquí hay una gran sensación de unidad. Es genial que hayan tomado la decisión sobre quién va a liderar la Iglesia", dijo John Mcginley, un sacerdote escocés de Glasgow que viajó al Vaticano para presenciar el cónclave.
"Es un gran momento en la historia, algo que le puedo contar a mi madre", dijo el australiano David Brasch, de 30 años. "Tiene que controlar el tema del abuso a los niños. No sé cómo lo harán. Tiene que unir a 1.200 millones de personas", agregó.
Las bandas de las fuerzas armadas de Italia y de la guardia suiza del Vaticano desfilaron frente a la Basílica antes de la aparición del Papa.
Los cardenales quedaron recluidos el martes en la Capilla Sixtina, bajo los frescos de Miguel Angel, tras un día de pompa religiosa y oración y que terminó, como se esperaba, con humo negro saliendo de la chimenea dos horas después.
Ningún cónclave moderno alcanzó una decisión el primer día, que se considera un filtro, pero, con rapidez, los cardenales eligieron al nuevo Papa en la segunda jornada.
Francisco I asumirá una carga que según dijo Benedicto XVI en febrero, iba más allá de sus capacidades físicas.
La Iglesia sufre los escándalos por abusos a niños y el caso "Vatileaks", en el que el mayordomo de Benedicto XVI reveló documentos que denunciaban corrupción y luchas internas dentro de la Curia, la burocracia central del Vaticano.
También se ha visto sacudida por la rivalidad de otras iglesias, el avance del laicismo, especialmente en Europa, y los problemas en la gestión del banco Vaticano.
Todos los prelados reunidos en la Capilla Sixtina fueron elegidos por Benedicto XVI o por Juan Pablo II.
(Reporte adicional de Naomi O'Leary, Philip Pullella, Crispian Balmer y Tom Heneghan. Editado por Javier Leira). / Reuters.