Aquí la nota:
De Malvinas a la tecnología de punta
Publicado por La Nación.
Dos excombatientes fundaron A1-TEC, una compañía que desarrolla soluciones para reemplazar los códigos de barras.
Armando Raúl Mayora y Carlos María Robbio se conocieron en 1971, en la Escuela Naval Militar. En 1982 pelearon juntos en Malvinas. Robbio integró el equipo de buzos que marcó el terreno para el desembarco de las fuerzas. Mayora encabezó el segundo vuelo del escuadrón aéreo y lanzó los dos misiles que hundieron al buque inglés Sheffield.
La vida militar los mantuvo en contacto hasta 1991, año en que Mayora se alejó de las fuerzas y de los aviones y se incorporó a la vida civil. Sus caminos no se cruzaron hasta 1996, cuando comenzaron a combinar parte de sus trabajos como consultores de gestión de empresas e informática. Finalmente, en enero de 2006 decidieron emprender y fundaron A1-TEC, una compañía dedicada a la tecnología RFID -reemplazante de los códigos de barras- que ya está manejando diez grandes proyectos y firmó una alianza de investigación con el Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA).Excelente!!!
Retomar la vida civil no fue fácil para los emprendedores, capitanes, ex combatientes, MBA... "Cuando uno deja la Armada piensa que puede hacer cualquier cosa con lo que aprendió adentro. Sin embargo, la realidad es otra. Sabíamos de informática, administración de recursos o herramientas de análisis, pero nos faltaban muchas otras patas por cubrir", recordó Mayora, que al igual que su socio pertenece a la generación del 54. Este último fue el primero en dejar el ambiente militar.
Tras descartar una propuesta de Techint, se incorporó como socio a Tepsa, una firma de reingeniería de seguridad en la que permaneció hasta 2002. "Después me fui a Building Control, una empresa de seguridad electrónica y control inteligente. Me alejé en 2005 porque no estaba de acuerdo con sus políticas comerciales, pero el trabajo me sirvió para detectar una necesidad en el mercado: la oferta de
soluciones de trazabilidad en el ámbito logístico", recordó el ex capitán de corbeta.
Robbio se desvinculó de las Fuerzas Armadas en 1996, pensando "que iba a ser Gardel" en el mundo laboral civil, al cual se incorporó como empleado de una empresa de seguridad. "Reconocí mis falencias y me puse a estudiar economía y planeamiento estratégico. En poco tiempo alcancé un puesto alto y me di cuenta de que no quería tener más jefes. Me fui de la empresa y empecé como consultor de planeamiento de pymes", relató.
Fue entonces que los viejos amigos restablecieron el contacto. Sus trabajos tenían puntos en común y se ayudaron durante algunos años. Esto último, combinado con la necesidad de mercado que había detectado Mayora, dio vida a A1-TEC.
"El proyecto nació para dar soluciones de trazabilidad al sector logístico a través de la tecnología de identificación por radiofrecuencia (RFID), que ya está reemplazando a los códigos de barras. Primero firmamos para tener la distribución exclusiva de Alien Technology, uno de los mayores fabricantes de esta tecnología, y empezamos con un proyecto para Aeropuertos Argentina 2000, que todavía no fue implementado", explicó Mayora.
Aunque en otros mercados esta tecnología ya está desarrollada, en la Argentina está dando sus primeros pasos. Por eso los emprendedores dicen que están "educando a las empresas". Según señalan, "todos tienen mucho interés porque reducirá costos y facilitará las operaciones, pero aún están reticentes para hacer el desembolso". Los socios tienen en su cartera diez proyectos, entre ellos uno para una firma chilena, que es el primero desarrollado para el traslado de pallets congelados en el país.
Desarrollos propios
"También estamos promocionando una tecnología RTLS, un sistema de trazabilidad de personas o activos que combina RFID con Wi-Fi. Por ejemplo, una empresa minera podrá mantener contacto permanente y saber la posición exacta de un empleado en la mina", explicó Robbio, que es capitán de fragata. A la propuesta inicial de la empresa los socios sumaron servicios de consultoría de seguridad informática que les permiten financiar las operaciones hasta la ejecución de los proyectos, y llevan facturados unos 120.000 pesos.
"Pero nuestro foco es la nueva tecnología; por eso firmamos un convenio de cooperación con el ITBA para poder hacer viable la aplicación de RFID a contenedores con líquidos o metales", enfatizó Mayora, que emplea a dos ingenieros. "Queremos tener desarrollos propios. Ya contamos con un sistema de gestión nuestro que acomoda la entrega de información a los sistemas de cada cliente", agregó.
Los emprendedores están convencidos de que pronto las compañías reemplazarán los códigos de barras y aguardan el futuro próximo. En las paredes de sus oficinas mantienen vivo el pasado, con algunas fotos de los aviones que piloteaba Mayora o las condecoraciones ganadas en combate.
"Nos seguimos viendo con otros excombatientes -comentan-. Siempre nos reunimos, son tradiciones que hay que mantener."///(Mercedes García Bartelt - LANACION).


