viernes, 20 de febrero de 2015

EE.UU.- Las empresas compiten por personas diestras en lenguajes utilizados para construir desde sitios web hasta aplicaciones móviles.

Cursos intensivos de programación abren las puertas a empleos en tecnología.
Por Miriam Jordan para The Wall Street Journal.

BOULDER, Colorado, EE.UU.—Hace unos meses, Edgar Córdova era un estudiante universitario con una abultada y creciente deuda que intentaba continuar con sus estudios mientras realizaba trabajos informales.

Hoy en día, el joven de 20 años trabaja para un desarrollador de software. “Por primera vez puedo comprar cosas que necesito”, dice Córdova, hijo de un empleado de limpieza.

Lo que cambió su historia fue SeedPaths, un curso intensivo de programación de ocho semanas para adultos de bajos recursos, financiado con fondos del gobierno estadounidense. Los socios de la empresa de Denver tienen una alianza con centros de trabajo regionales, que aprovechan la ayuda de la ley federal, llamada Workforce Investment Act (WIA) (algo así como Ley de Inversión en la fuerza laboral), para cubrir el costo de US$6.000.

Las compañías de tecnología, la industria del cuidado de la salud y otros sectores están compitiendo ferozmente por personas diestras en lenguajes de software utilizados para construir desde sitios web hasta aplicaciones móviles. La Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos proyecta que la contratación de programadores, que ganaron un salario anual medio de US$90.000 en 2012, crecerá a una tasa el doble de rápido que el promedio de todas las ocupaciones hasta 2022.

Para suplir la demanda, están surgiendo academias de programación que ofrecen capacitación que duran desde unas cuantas semanas a varios meses por hasta US$20.000.

SeedPaths es la creación del empresario Jeff Macco, quien sufrió en carne propia la escasez de desarrolladores de software en una startup de tecnología que dirigió en 2012. “Era muy, muy difícil encontrar empleados”, cuenta Macco.

El empresario decidió diseñar un curso intensivo que pudiera atraer a gente joven de bajos recursos interesada en la tecnología. Un reciente estudio de la Universidad de Pensilvania y el Instituto Pell para el Estudio de Oportunidades en Educación Superior halló que más estudiantes pobres están asistiendo a la universidad que antes pero que la mayoría no logra graduarse, debido a barreras académicas y financieras.

Una vez que acepta a postulantes al curso, SeedPaths los dirige a un centro donde se inscriben a través de la ley WIA, promulgada en 1998 con el fin de ayudar a personas desempleadas o subempleadas, así como a aquellas que cambian de carrera para adquirir aptitudes para trabajar en sectores de alto crecimiento. El Departamento de Trabajo de EE.UU. destinó casi US$2.600 millones a los programas de WIA en el año fiscal 2014.

Cada sesión de dos meses tiene en promedio 21 participantes que aprenden JavaScript, C# y otros lenguajes de computación. Después de un día de ocho horas, los estudiantes tienen entre dos y tres horas de tarea.

De los graduados de SeedPaths, 82% encuentra empleo en un plazo de 90 días, desde trabajos por contrato hasta puestos de tiempo completo. Además de los fondos federales, el programa intensivo de programación es financiado por el brazo de búsqueda de empleados de SeedPaths, que coloca a profesionales de tecnología de la información (TI) de primera calidad en puestos de trabajo. Los estudiantes reciben almuerzo gratis, desarrollo profesional y servicios de colocación laboral.

Córdova, quien se graduó de SeedPaths en diciembre, obtuvo un internado en Techtonic Group LLC, un desarrollador de software de Boulder que se especializa en aplicaciones de Internet y móviles para empresas. En su segunda semana en el trabajo, realizaba controles de calidad de una aplicación de un juego para una cadena de restaurantes, simulando distintas maneras en las que una persona podría usar la aplicación y buscando errores que podrían habérsele pasado al equipo desarrollador.

La fundadora de Techtonic, Heather Terenzio, se conectó con SeedPaths hace un año y ahora emplea a cinco graduados. “Buscamos chicos ambiciosos que quieren cambiar el curso de sus vidas”, dice.

Los trabajadores empiezan como aprendices y se los empareja con desarrolladores experimentados para trabajar en proyectos para clientes. Al principio reciben un pago de alrededor de US$12 la hora y pueden ganar más cada mes, según las evaluaciones de sus capacidades de programación, trabajo en equipo y aptitudes profesionales, señala Terenzio.

Algunos gurús informáticos son escépticos de las academias de programación. Jason Polancich, presidente ejecutivo de SurfWatch Labs, una compañía de inteligencia sobre ciberataques, afirma que es “súper selectivo” a la hora de contratar. Aquellos que lo consiguen han tenido exposición previa a la programación, mucha destreza en las matemáticas o un título universitario.

“Dos meses no te preparan para identificar problemas serios y superarlos”, dice. “Cuando sumerges a alguien en un ambiente de equipo y no puede hacer su parte, es perturbador”.

Programadores principiantes ganan menos que aquellos con títulos universitarios que ingresan al mercado laboral. Algunas de las principales empresas de TI contactadas por SeedPaths no se han interesado en los graduados de su programa porque usualmente carecen de un título universitario. Además, los programas intensivos son tan nuevos que aún no han demostrado que estén produciendo programadores exitosos.

“Contratar a alguien que acaba de salir del colegio, de un curso de programación o de una universidad de cuatro años es una inversión”, asevera Will Cole, director de productos de Stack Overflow Careers, que emplea a 40 programadores de software. “No tenemos la infraestructura para capacitar a nuevas personas sin mucha experiencia”.

Agrega, no obstante, que sí le gustan los cursos intensivos porque “eliminan la mística de la programación”.

En el caso de Córdova, uno de cuatro hijos de inmigrantes mexicanos, planea comprar su primer auto y espera alquilar pronto su propio departamento. En unos años, quiere volver a la universidad. “Un título te abre muchas más puertas”, dice. / Por Miriam Jordan para The Wall Street Journal.

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