domingo, 25 de diciembre de 2016

Se impone la producción y el consumo de noticias chatarra

La tierra donde crecen las peores teorías conspirativas.
Por Laura Marajofsky, publicado por La Nación.

La falta de rigurosidad en el mundo digital alienta la viralización de hechos falsos que suenan verosímiles.

¿Y si los alimentos genéticamente modificados y los llamados chemtrails fueran operaciones encubiertas por grandes corporaciones con el fin de producir cambios ambientales y generar ganancias? Existe todo un extenso género de teorías conspirativas que se retroalimentan en la Web, y que van desde estos temas hasta cuestiones relacionadas con la llegada a la luna y la existencia de alienígenas o con el propio Bernie Sanders (senador y precandidato por el Partido Demócrata). Y es que ésta parece ser una época ideal para el complot. Basta ver cómo todos estos "¿y si?" se multiplican vertiginosamente en el terreno virtual, capitalizando la falta de rigurosidad que ofrece el medio, pero también una incipiente predisposición a concederle un alto grado de verosimilitud a muchas de estas "noticias". Así pueblan en la Web blogs en los que expertos en "círculos de la cosecha" (crop circles) o parapsicología -aunque también cada vez más periodistas y escritores- difunden sus verdades para quien quiera leer.

La propagación de rumores o falsas noticias no es algo nuevo. Sin embargo, el contexto cultural actual ofrece una miríada de factores que hacen que no sólo sea posible, sino que además exacerban el fenómeno. El chisme o las revistas sensacionalistas de antaño no les llegan ni a los talones a la explosión de sitios estilo Upworthy, que generan contenidos erróneos, o al surgimiento de medios alternativos de noticias (sitios autofinanciados, blogs, podcasts y hasta canales de YouTube).

Las chances de que hayas llegado a este artículo que estás leyendo ahora en el bondi cliqueando en alguno de los posts de tus feeds sociales es alta. Muy alta. Según los especialistas, tipear el URL de una homepage para entrar a un portal de noticias u otros sitios ya es una práctica obsoleta. En Estados Unidos, cuna de muchas de estas teorías conspirativas, el 60% de los norteamericanos obtiene sus noticias de sitios sociales, siendo la red de Zuckerberg la mayor fuente de tráfico, y quizá por eso tan observada y criticada.

Si a todo esto le sumamos algunas otras tendencias contemporáneas, como la crisis del periodismo y los medios tradicionales, y el desdibujamiento de contornos hasta hace unos años más claramente delimitados (expertos vs. público general), la mesa queda servida para la producción y el consumo de noticias chatarra.

Instagram, un vergel

Mientras que Facebook y Twitter ya se habían volcado al negocio de las noticias, y Snapchat, una red más popular en Estados Unidos y con target millennial, se había asociado con ciertas publicaciones para llevarle historias auspiciadas al público joven a través de su sección Discover, Instagram todavía era un territorio vacante.

En comparación con las demás redes, la naturaleza insular de Instagram parecía jugarle en contra a la hora de llegar a algún acuerdo que la posicionara como outlet de noticias. Si se analiza, tiene sentido, ya que, para empezar, a diferencia de otras apps donde es posible cliquear en los contenidos e ir y volver de sitios externos, en Instagram no se permiten hyperlinks salvo en la bio (o a otros usuarios y cuentas). Se estaría testeando una versión beta que permitiría poner links en las historias, pero todavía no es accesible al público.

Sin embargo, paradójicamente, son esa fragmentación, esa falta de contexto y una baja capacidad para cotejar datos lo que ha hecho florecer en la plataforma una incipiente tendencia: cuentas conspirativas. La vacancia de información en una red donde se privilegia la imagen, y en la que la rigurosidad de los contenidos no es la prerrogativa, ha producido una explosión de estas cuentas dedicadas a denuncias de políticos y corporaciones, secretos militares y aeroespaciales, affaires ambientales y más.

Descartada la posibilidad de generar tráfico externo y recluidos en la propia red, los usuarios que no sólo no pueden linkear material, sino tampoco citar, ya que no es posible copiar texto, se las ingenian de otras maneras. Imágenes de alto impacto con consignas, memes, videos cortos y hasta gifs animados se han reproducido rápidamente. Como explican en un artículo reciente en la revista Vice, todo en esta red parece conspirar para que esta clase de materiales florezcan. "Instagram está pensado para información de rápida digestión, sin chequeo de datos. La desinformación que sería desenmascarada en otras redes prospera aquí, sobre todo porque no ha habido ninguna organización de medios mainstream que haya dedicado tiempo o dinero a la plataforma." Otro detalle que colabora con esta modalidad es el feature explorar, en donde la app te propone cuentas y usuarios para seguir que cree que podrían interesarte. Con el tiempo, la herramienta va aprendiendo sobre la base de tus clics, sugiriendo contenidos futuros según tu historial y generando un círculo vicioso: más ves algo, más te muestra sobre eso.

Algunos ejemplos son @connecting_consciousness, con más de 50.000 followers, orientada, en palabras de su creador, un canadiense de 21 años, a "crear conciencia respecto de los problemas que enfrentamos". Otras cuentas, como illuminati.killers (180k), the_system_is_broken (68k) o 4biddenknowledge (541k), oscilan entre memes esotéricos y la creencia de que grandes conspiraciones (los Illuminati, una secta mundial formada por corporaciones y gobiernos) traman a nuestras espaldas y son responsables de la mitad de las calamidades que nos suceden. Otros más pequeños, como Infowars o Secret Space Program, se focalizan en noticias relacionadas con el llamado Nuevo Orden Mundial, pero también con teorías sobre el verdadero origen de nuestra raza, los vínculos con otras civilizaciones y tienen como guías a figuras como David Wilcox o Alex Jones (quienes tienen sus libros y canales de difusión propia).

Aunque algunas de estas cuentas pueden estar abordando problemáticas reales que suelen ser ignoradas por el mainstream, la manipulación de la información con intereses políticos o económicos -que tampoco es novedad- termina convirtiéndose en el leitmotiv para todo. Al mismo tiempo que estas cuentas se vuelven un hit y un negocio, ya se habla de un presente poshechos (post-facts) en el que no importa lo verosímil, sino la rapidez y la habilidad con la que puedas diseminar un contenido.

¿Un presente poshechos?

Las teorías conspirativas llegaron para quedarse, pero no sólo eso: llegaron para dar forma y caracterizar a un modelo de pensamiento que se presenta a sí mismo como un escepticismo moderno, pero que parecería tener más en común con las religiones que con una mirada realmente desconfiada de las grandes corporaciones e instituciones de esta cultura. Cada vez se hace más patente que estamos viviendo en un mundo "poshechos" o "posverdad".

En este sentido, se sabe que diferentes fenómenos psicológicos y tecnológicos operan hoy filtrando los contenidos que nos afirman en nuestras creencias e ideas. Gracias a los tan mentados algoritmos, compañías como Google o Facebook han logrado perfeccionar el sesgo de confirmación que tenemos. Por otra parte, es ya conocido el efecto bubble filter (burbuja de filtro) de las redes sociales, en donde terminamos muchas veces leyendo e interactuando con gente que piensa de manera similar a nosotros. No importa tanto que sea verdadero, sino que sea cliqueable y digerible, nada de verificar la fiabilidad de las fuentes ni de desarmar razonamientos falaces. Lo que es más, según un estudio de la Universidad de Northeastern, aquellos que no creen en las voces mainstream son más propensos a caer en la desinformación. "Sorpresivamente, aquellos que consumen noticias alternativas para evitar la manipulación masiva son los que más responden a los falsos argumentos", se explica en un editorial reciente sobre el tema en la revista Granta.

No obstante, si alguien asevera "lo que el gobierno o los medios dicen es mentira", pero no genera argumentos que validen su visión, se encuentra más cerca de lo que el periodista y escritor David Aaronovitch describe como una "credulidad invertida" (inverted credulity) que de un verdadero escepticismo. Para no llevar la discusión a un terreno donde los puntos de vista se terminan reduciendo casi a un acto de fe -creer o no en algo-, es necesario poder articular la duda de manera más constructiva y aportante.

Una de las hipótesis más trabajadas sobre cuál es el propósito de estas historias surge a partir de la dificultad del individuo para explicarse fenómenos complejos y, en consecuencia, ante el trauma de tener que reconocer el carácter azaroso o accidental de varios sucesos. Como el propio Aaronovitch menciona en su libro Voodoo Histories: The Role of the Conspiracy Theory in Shaping Modern History: "La idea de que un suceso sea completamente accidental, de que no tenga sentido, es catastrófica. Al no haber sentido en el mal, tampoco hay sentido en el bien: entonces el mundo en que vivimos pasa a ser contingente, accidental, y nuestra muerte se transforma en un acontecimiento solitario y sin sentido. Las teorías conspirativas son una manera de no tener que hacerles frente a esas posibilidades".

Redes sociales y política

Dejando a un lado explicaciones filosóficas relativas al miedo al azar, la imposibilidad de asumir debilidad -y la propia responsabilidad por nuestras vidas- o la pereza mental que lleva a tomar atajos conceptuales para suplir el trabajo de articular la complejidad con la que lidiamos cotidianamente, podría haber una razón más tangible: ante la inestabilidad política o económica, mejor la fantasía. "Si vivís en un mundo en donde los Estados parecen no tener control sobre lo que hacen, entonces por qué confiar en las viejas instituciones de autoridad -políticos, académicos, los medios-", se plantea en el mismo editorial de Granta.

Otra especulación interesante que ha tenido lugar en los últimos meses, y que pone de manifiesto varios de estos conflictos, es el debate sobre la incidencia de las redes sociales en el electorado estadounidense. Diversos críticos han planteado que la victoria de Trump se debe en gran parte a la manipulación de las redes sociales y su impacto, en particular Facebook. Si la red influyó en la opinión de las generaciones más viejas (generación X, boomers), cabe preguntarse entonces cuál habrá sido el rol de otras plataformas apuntadas a públicos más jóvenes, como Instagram.

Acaso este canal se esté convirtiendo, muy a su pesar, en un reducto para aquellos escépticos modernos -con más o menos argumentos-, los nuevos indignados o los simples apáticos. Un espacio para encontrarse, armar comunidades y propagar su mensaje. No nos olvidemos de que en EE.UU. las votaciones son voluntarias y que al menos un 40% de los adultos no se presentó a votar. No podemos aventurar más que una hipótesis en el intento de hacer algo de futurismo; lo que sí sabemos es que esta plataforma está haciendo cada vez más méritos (por funcionamiento, espíritu y modo de consumo) para convertirse en el nicho perfecto para esta realidad "poshechos". / Por Laura Marajofsky, publicado por La Nación.--


Prevéngase del Aedes aegypti, el mosquito de la fiebre amarilla, del dengue, de la chikunguña, de la fiebre de Zika y el Virus Mayaro. Cuide su salud y la de los suyos. Asesórese como ayudar a combatir el Aedes aegypti. Comience con las medidas preventivas


___________________
Nota: Las cookies de este sitio se usan para personalizar el contenido y los anuncios, para ofrecer funciones de medios sociales y para analizar el tráfico. Además, compartimos información sobre el uso que haga del sitio web con nuestros partners de medios sociales, de publicidad y de análisis web. Ver detalles.

2 comentarios:

  1. Es el precio que estamos pagando por el notable avance de las comunicaciones:
    El peligro de las noticias chatarra. Habrá que saber defenderse de su influencia.

    Saludos y feliz 2017.

    ResponderEliminar
  2. Muy cierto Esteban, habrá que saber defenderse de su influencia.

    Saludos cordales y feliz 2017

    ResponderEliminar

Antes de colocar un comentario tenga en cuenta que no se permitirán comentarios que:
- sean anónimos y/o posean sólo un nickname.
- no estén vinculados a una cuenta.
- posean links promocionando páginas y/o sitios
- puedan resultar ofensivos o injuriosos
- incluyan insultos, alusiones sexuales innecesarias y
palabras soeces o vulgares
- apoyen la pedofilia, el terrorismo o la xenofobia.

Este Blog ni su autor tiene responsabilidad alguna sobre comentarios de terceros, los mismos son de exclusiva responsabilidad del que los emite. De todas maneras, por responsabilidad editorial me reservo el derecho de eliminar aquellos comentarios que considere inadecuados, abusivos, injuriantes, discriminadores y/o contrarios a las leyes de la República Argentina.