viernes, 28 de julio de 2017

Radiografía de cómo se gasta un recurso cada vez más escaso.

Repito algo, el agua es un recurso vital pero es cada vez más escaso por el crecimiento demográfico, por su demanda en los sistemas productivos (especialmente de alimentos), por el extraordinario mal uso, y por la contaminación que producimos. Pronto, más pronto de que se cree será más caro disponer de agua potable. ¿Ud. piensa como la gasta?.

Cuántos litros de agua gastan los argentinos para vestirse, alimentarse y moverse.

La huella hídrica del argentino promedio es de 4400 litros, entre el consumo directo e indirecto. Radiografía de cómo se consume en el día a día un recurso cada vez más escaso. Los costos ocultos.
Por @YesiBrumec, publicado por Apertura.

agua
"Agua", foto de Gabriel Joandet (CC). Vista en Flickr
El agua que sale de la canilla y uno elige gastar –o ahorrar– es solo una mínima parte de lo que realmente consume una persona. La mayor marca la deja el agua que no se ve correr pero se consume durante todo el día, que es la que va a completar la huella hídrica.

Cada mañana, uno utiliza entre 10 y 20 litros de agua para higienizarse. Cepillarse los dientes insume –en el mejor de los casos, es decir, si se cierra la canilla– medio litro de agua. Caso contrario, con el grifo abierto, pueden correr unos 10 litros. A esto se suma una descarga de inodoro, que consume entre 8 y 10 más.

Aunque no esté visible hasta poner una pava a hervir para el desayuno, los litros de agua que corren frente a los ojos pasan de ser decenas a cientos o miles mientras uno se viste y prepara la comida. “El 90 por ciento o más de la huella es cómo nos alimentamos o la ropa que usamos. Es lo más crítico, lo que genera mayor impacto”, explica Roxana Piastrellini, investigadora del Inahe-Conicet e integrante del grupo Clíope, con quienes elaboró un calculador de huella hídrica adaptado a los consumos argentinos. “El agua que se gasta en una tanda de lavarropas son 50 litros, un tercio de la que implica comerse dos tostadas con manteca”, ejemplifica.

La que se utiliza cotidianamente para ir al baño, preparar un mate o lavar la ropa es el agua directa. La huella hídrica se compone, además, por el agua indirecta, es decir, la que está asociada a todos los bienes y servicios que se consumen, como el riego que precisó el campo para su sembrado, fabricación de ropa, alimento de animales y traslados, entre otros.

En la Argentina, se consume un promedio de 500 litros per cápita diarios (variando según la región), es decir, cuatro veces más que lo aconsejado por la Organización Mundial de la Salud. Sin embargo, la huella hídrica que deja, en promedio, cada argentino por día no baja de los 4400 litros, según un reporte de la Unesco.

En principio, la ropa con la que uno se viste cada mañana ya generó un gasto de miles de litros de agua hasta llegar al placard. Para producir un jean, se necesitan 7600 litros; para una remera de algodón, 2700; para un par de zapatos de cuero, 16.000; y para un bolso de medio kilo del mismo material, 7500. Es decir, el agua que uno se pone en la ropa equivale, por lo menos, a la necesaria para llenar 15 piletas de lona medianas. “El origen también influye en la huella. Si es importada, el transporte asociado implica agua para fabricar el combustible o, si el algodón con el que se fabrica se produjo en una zona en la que hay escasez, entonces el impacto es mucho mayor”, aclara Piastrellini.

De todas formas, como la ropa se vuelve a usar, los litros se amortizan. La huella hídrica promedio del jean sería entonces de unos 21 litros, calculando más de 300 puestas; la de la remera, sería de 18, por unos 150 usos; la de los zapatos de cuero, de 53 litros, si se los calza unas 300 veces; y la del bolso, unos 19 litros. 
Esta re-utilización no aplica, sin embargo, a la comida, ya que se consumen cientos –miles– de litros de agua de una y por única vez. Desayunar un café con dos facturas tiene 300 litros de agua asociada, o todo el agua que cabe en una bañadera. Le sigue un tazón de leche con cereales, que carga 296 litros al contador personal, y el té con dos tostadas con manteca, que representa 166, según datos del Grupo Clíope de la Universidad Tecnológica Nacional de Mendoza y Water Footprint Network.

Uno de los alimentos que más dispara el impacto de la huella es la manteca que, cada 100 gramos, agrega 500 litros de agua asociada a la comida, o sea, casi dos baños de inmersión. Entre las infusiones, el café es la que más litros consume, ya que se necesitaron 132 para que llegue a la mesa, contra los 27 de una taza de té o los menos de 7 litros del termo de mate que, si se comparte, divide aún más la huella. Si se endulza con azúcar, son 10 litros más. “Lo que marcará nuestra huella son los patrones de consumo”, analiza Bárbara Civit, investigadora del Conicet, especialista en Huella Hídrica. “Todo lo que necesite más del campo para producirse requiere más agua que otros productos. En los alimentos se ve, sobre todo, en lo asociado a la carne; en la vestimenta, lo relativo al algodón o al cuero”, plantea Civit y explica que, en la Argentina, la agricultura y la ganadería consumen el 79,5 por ciento del agua; los hogares, el 13 y la industria, el 7,5.

Así es que, cuando se importan y exportan alimentos, también entra y sale del país una cantidad de ‘agua virtual’ que se utilizó para producirlos. En la Argentina, la mayor cantidad entra y sale con el comercio de granos.

Huella personal

Camino al trabajo, viajar unos 30 minutos en auto naftero sin compañía implica 105 litros de agua ida y vuelta, huella que representa unos 26,4 litros si se viaja con otros tres. Ir y venir en colectivo, en cambio, significa unos 18,3 litros y viajar en subte reduce la huella a 8,1 litros.

Una vez en la empresa, además de la cantidad de recursos hídricos que se gasten, la huella va a depender de los materiales utilizados: una sola hoja de papel, por ejemplo, requiere de 10 litros de agua para su producción. Una resma, 5000 litros. Si se calcula que en una empresa se disponen de unos 30 paquetes, el gasto de hídrico general asciende a los 150.000 litros.

Otro gran impacto vuelve al comer. Un plato de carne con ensalada representa un consumo de 2390 litros de agua; un choripán, 1100 litros; un plato de pastas, 246 y un plato de porotos o lentejas, 90. “Generalmente, una persona omnívora va a tener una huella hídrica mucho más alta que un vegetariano. Cuando comés carne no solo tenés que considerar el agua que tomó la vaca, sino la que se usó para regar la alfalfa o el pasto que ella comió y luego la del frigorífico o del matadero”, plantea Piastrellini.

Respecto de las bebidas, tomar un vaso de agua de la canilla es la opción que menos litros asociados implica (0,3 litros). Le siguen una pinta de cerveza, con una huella de 75 litros; una gaseosa, con 96 y una copa de vino, con 109. El jugo de frutas natural es una de las más recursos hídricos implica, con 200 litros asociados.

En caso de que haya postre o colación, una banana representará 160 litros y una manzana, unos 125. Si, en vez de esto, se elige una barra de chocolate (100gr), el gasto se dispara hasta los 1700 litros de agua. La huella de las frutas, de todos modos, va a variar según su origen geográfico, factor que, plantean los especialistas, es determinante en el impacto del consumo hídrico. “No es lo mismo comer una fruta producida localmente que una que se trajo de otra provincia. Siempre hay que elegir los productos locales”, aconseja Piastrellini.

De vuelta a la casa, con ya miles de litros cargados al consumo personal, quedan más tareas de uso directo del agua, además de las comidas: lavar los platos consume 113 litros de agua sin cerrar la canilla; cerrándola, 33. A la hora de bañarse, los 60 litros que se gastan en la ducha implican mayor ahorro que los 300 de una bañadera llena. Sin embargo, Piastrellini advierte que la diferencia no es tan tajante: “El tiempo es lo que determina el consumo. Si estás casi una hora en la ducha –que mucha gente lo hace–, eso es mucho más impactante que darse un baño de inmersión”.

El uso racional del agua tanto directa como indirecta determinará, coinciden los expertos, el impacto de la huella que una persona deja sobre los reservorios de agua dulce. Según Global International Waters Assessment, el acceso a este recurso finito enfrentará “proporciones globales” para el 2020.

En la actualidad, los países del mundo que mayor huella hídrica dejan per cápita son Niger, Bolivia y los Estados Unidos. En el caso de los dos primeros, no se asocia directamente a la variable de consumo, sino a baja productividad del sistema hídrico. Luego, en números totales, el 38 por ciento del agua del planeta la consumen China, India y los Estados Unidos, según la Unesco.

En la crisis hídrica que atraviesa el planeta, no será solo cuidando cerrar el grifo –aunque también sea importante– cómo cada uno aporte mayormente a reducir sus miles de litros de consumo diario. “Hay que tomar conciencia del impacto que genera lo que comemos y cómo nos vestimos. Compartir el auto, usar más la bici, utilizar el agua de la pileta para el riego, utilizar materiales sintéticos y variar la dieta son algunas opciones”, aconseja Piastrellini.

Cómo se compone la huella hídrica del argentino promedio

En acciones, objetos y alimentos Cantidad de litros que consume
Cepillarse los dientes (con la canilla cerrada) 0,5
Cepillarse los dientes (con la canilla abierta) 10
Tirar de la cadena del inodoro 9
Baño de inmersión 300
Ducha 60
Lavar los platos manualmente sin cerrar la canilla 113
Lavar los platos cerrando la canilla 33
Lavar una tanda ropa en el lavarropas 75
Viajar en colectivo durante 60 minutos 18,3
Viajar en un auto naftero durante 60 minutos 105
Viajar en un auto naftero durante 60 minutos con otras 3 personas 26,4
Viajar en subte durante 60 minutos 8,1
Un jean 7600
Una remera de algodón 2700
Zapatos de cuero 16000
Cartera de cuero 17000
Baguette 155
1 kg de queso 3100
Rebanada de pan 80
Un café y dos facturas 300
Un té con dos tostadas con manteca 166
Tazón de leche con cereales 296
100 gramos de manteca 500
1 kilo de carne 15400
1 kilo de pollo 4300
Un plato de carne con ensalada 2390
1 choripán 1100
Un plato de pastas 246
Un plato de porotos o lentejas 90
Una hamburguesa con gaseosa 2390
Pizza (entera) 1259
1 huevo 196
100 gramos de chocolate 1700
Taza de café 132
1 vaso de cerveza 75
Taza de té 27
1 termo de mate 7
Cucharada colmada de azúcar 10
1 vaso de agua de la canilla 0,3
1 vaso de gaseosa 96
1 copa de vino 109
1 vaso de jugo de frutas natural 200

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2 comentarios:

  1. un coto al derroche de agua jorge sería la instalación de medidores.

    un ingeniero ayudante de cátedra que tuve en la facultad, a mediados de los años 70, ya trabajaba en una comisión de la entonces obras sanitarias de la nación para instalarlos!

    he visto encargados de edificios "barrer" las hojas de la vereda a chorros de manguera!...

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  2. Ciertamente Hugo, hay que colocar medidores y cobrar, pero también es necesario educar y ésto no lo hace nadie. Ni el ámbito público y el privado.

    Aquí, en la Ciudad de Santiago del Estero el servicio está privatizado desde hace años, prácticamente todas la propiedades tienen medidores, pero igual se derrocha groseramente, sin ningún cuidado.

    Lo peor es que en muchos barrios, por su baja calidad de ingresos, pagan muy poco o no pagan y casi que ese gasto lo pagamos los usuarios de barrios céntricos.

    ¿Quienes son los que más derrochan el agua?. Los que no la pagan; hasta riegan sus calles donde no tienen asfalto, además de otros excesos. La política y la mayoría de los legisladores los protegen con eso que el agua es vital y no se les puede cortar.

    La gente más acomodada económicamente, también derrocha. Entre otras malas prácticas, para sorpresa de no pocos, algunos mantienen sus piletas con agua de red.

    Hace falta educación, legislación y sanción Hugo. Muy difícil en sociedades donde la corrupción y la impunidad son las patas del crecimiento de su decadencia, pero no hay que bajar los brazos e insistir en que se corrija todo este mal uso del agua.

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