jueves, 20 de noviembre de 2014

Cómo usar la tecnología y las redes sociales sin correr riesgos

Es importante destacar que la rápida evolución tecnológica y las redes sociales, y el mal uso que las mayorías hacen de ellas, en especial en países donde a pesar de todo no se ha desarrollado una una cultura basada en la prevención y la resiliencia que permita el resguardo de nuestra seguridad, supone un importante desafío para los actores de la economía digital para hacer frente a las fugas de información que generan ciberataques y situaciones de inseguridad con importantes daños económicos así como de imagen y reputación.

Imagen:"He's watching you" ©Todos los derechos reservados
Hay antecedentes sobre robos y asaltos realizado por delincuentes que obtuvieron información y realizaron inteligencia previa a partir de lo que sus víctimas publicaron en las redes sociales y/o compartieron a través de dispositivos móviles.

De hecho en éste espacio informamos sobre una importante acción de espionaje delictivo sobre vecinos del barrio el año pasado.

A junio de éste año se informó que la economía mundial pierde unos US$ 445 mil millones anuales por ciberdelitos.

En países más desarrollados ésta necesaria "cultura" en ciberseguridad ha motivado a consumidores preocupados por compartir demasiado en las redes sociales a volcarse al uso de aplicaciones para enviar mensajes, fotografías y vídeos a un grupo limitado de personas.

Hoy, buscando información sobre medidas de prevención, encontré un interesante artículo sobre cómo usar la tecnología y las redes sociales sin correr riesgos:

Los pros y los contras de la vida digital
Por Ricardo Mosso (especial).Publicado en La Voz.

Entrevista a Robert Guerra. Este experto en ciberseguridad explica cómo usar esa tecnología y las redes sociales sin correr el riesgo de exponer nuestra vida privada.

 "Las redes sociales son nuestra privacidad puesta en Internet”.

Para una buena parte de los argentinos –en el país hay unos 30 millones de usuarios de internet y 13 millones de personas que tienen un smartphone–, la definición debería sonar como una advertencia. Porque ciertas consecuencias negativas de las tecnologías utilizadas sin sentido común son cada vez más visibles: fotos y videos íntimos que terminan siendo vistos por miles de personas, fraudes con compras con tarjeta de crédito por Internet, sustitución de identidad y un largo rosario de etcéteras.

Al menos eso es lo que plantea el experto canadiense en ciberseguridad Robert Guerra, que viajó a Buenos Aires en octubre para exponer en el taller “Por una mejor regulación de Internet”, organizado por la Universidad de Palermo.

Guerra –canadiense, hijo de emigrantes españoles– fue dos veces parte de la delegación oficial de su país para la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información de las Naciones Unidas (WSIS, según su sigla en inglés) y parte de una base: “Todo es vulnerable: ahora los servicios de Inteligencia de todo el mundo vigilan a escala masiva”. Al mismo tiempo llama la atención sobre lo que empresas como Google o Facebook hacen –lo sepamos o no– con nuestra información digital. Muy didáctico, para nada tremendista, el especialista habló sobre cómo los usuarios comunes y corrientes podemos manejar mejor “las complejidades” de nuestra propia seguridad on line.

–Dijo que ya no hace falta que nos espíen para saber qué hacemos; ¿hay vuelta de esta situación?

–Antes, para conseguir datos de una persona había que preguntar y seguirlo. Pero ahora lo que se expone en Internet, a través de dispositivos como las computadoras de escritorio, y también los smartphones y las tablets, son las cosas que te gustan y a tu red de amigos. Las redes sociales, sobre todo para la gente joven, son una extensión de su vida. Es importante que los que están por empezar a usar Facebook tengan una buena idea de qué va a suceder con eso. No para asustarlos, sino para ayudarlos a aprender que en el mundo virtual hay que tomar precauciones. Ahora, si ya han puesto información en línea, el problema es que es difícil borrarla.

–Los perfiles de Facebook se pueden eliminar.

–Se puede hacer. Pero es un proceso de dos etapas: una es cerrar la cuenta y la otra es decir que quieres borrar la información. Además, durante el tiempo en el que la cuenta estuvo activa, Facebook ha vendido esa información. Quizás quitaste tus fotos, pero algún contacto puede haberlas copiado. Si uno usa Facebook, debe saber que tiene muchos permisos para configurar en su cuenta. No solamente son para que los que son amigos vean tus contenidos: también hay permisos “para mí solo”. El problema de Facebook es que, hasta hace muy poco, cada equis tiempo cambiaba las opciones de compartir. El valor por defecto tendría que ser no compartir, salvo lo que uno elige, y es al revés. ¿Por qué tiene que estar la dirección de mi casa? Una dirección de e-mail, quizás. Y si alguien te quiere etiquetar en una foto, tú tienes que autorizar eso. También está la opción para que los buscadores como Google puedan encontrar tu contenido. ¡Eso hay que apagarlo! Y si tienes el perfil completamente abierto y pones “Ahora me voy de vacaciones”, cualquiera te puede leer y puede ir a robar tu casa. Hay muchos padres que no colocan las fotos de sus hijos allí, porque si les hackean la cuenta pueden ser usadas por otros.

–Se dice que, cuando buscan un empleado, las empresas miran qué hay sobre los candidatos en las redes sociales. ¿Es así?

–De hecho, hay toda una industria multinacional que se dedica a esto. Ahí está la gran prueba de si has tenido cuidado en proteger tu información en línea. Por ejemplo, si tienes todo público en tus perfiles de Facebook, Twitter o LinkedIn, los sistemas de rastreo de las empresas de búsquedas agregan todo eso y arman un resumen. Y si encima públicamente has dado datos personales, pueden confirmar si coincide con lo que has dado en tu currículum. Lo que pasa es que mucha gente joven se está tomando fotos cuando está de fiesta, está borracha o haciendo todo tipo de cosas. Eso no lo ponen en el currículum, pero está ahí. Y puede ser problemático para gente de ciertas profesiones: ¡va a ser muy curioso, dentro de 10 años en Estados Unidos, con los políticos que se presenten a elecciones! Antes se podía decir –por ejemplo– que un candidato había fumado marihuana, pero no había ninguna foto. Desde Facebook, esas fotos ya están en Internet. Y lo peor no es el contenido: con los programas de reconocimiento de caras que tienen todas las redes sociales, pueden comparar tu foto del currículum con las que están en Internet; con la computación “en la nube”, hoy en día se puede buscar superrápido una cara en toda la colección de

Facebook. Por eso, cuando etiquetas fotos, el sistema te sugiere un nombre y la mayoría de las veces acierta.

–Esto también puede tener consecuencias políticas.

–Si eres un activista que está en una protesta contra un gobierno extranjero o lo que sea y luego pides un visado para ese país, quizás después digan “Esta persona no es deseable”. Antiguamente, hacías algo y las consecuencias eran inmediatas; ahora pueden tardar cinco o 10 años. Por eso hay empresas de manejo de reputación en línea que ponen otro contenido tuyo para que aparezca más arriba en la lista de la búsqueda de Google; ellos dicen que te pueden “limpiar” lo que posteaste en la Red.

–¿Qué pasa con la ciberseguridad en los smartphones, o teléfonos inteligentes?

–El smartphone de hoy es igual de potente que una computadora de escritorio de hace cinco años, y encima tiene dos cosas muy interesantes: una cámara y un GPS.

–Eso es casi diabólico.

–Puede serlo o puede no serlo, depende de cómo lo uses. Lo que está genial es que lo llevas contigo a todas partes, y ante cualquier problema puedes buscar lo que sea en Internet. Antes había toda una cultura y una capacitación para usar la PC, pero ahora la gente usa el móvil casi como una extensión de su brazo y no llega a averiguar cuáles son los peligros que tiene su uso. Además, hay toda una economía casi negra que vende datos de la actividad on line de la gente.

–Un ejemplo de peligro digital es que se puede ubicar a un chico por el GPS de su celular.

–El GPS del celular se puede desactivar. Pero sirve si los padres tienen miedo de que el chico se vaya a perder, o para saber si realmente está en la casa del amigo donde dijo que iba; lo pueden seguir perfectamente. Y si uno se pierde en la ciudad, con los mapas se puede saber dónde está todo; es buenísimo. Pero, a la vez, el celular es un punto de información que estás compartiendo y, si hay personas que están interesadas en ti, sea en forma positiva o negativa, pueden usar esa información. Pueden comparar la información de posicionamiento del teléfono con otros datos de las redes sociales, en las que tienen mucha información muy valiosa. Hoy se puede ver, con una aplicación que se descarga gratis, si alguien está conectado a un acceso de Wi-Fi abierto. Y si desaparece una máquina o un celular de esa red, puede querer decir que ya no está en casa. Por eso es importante tener una contraseña en el Wi-Fi. ¿Se puede seguir a la gente por su actividad en su celular inteligente? Sí. ¿Te van a seguir a vos? No sé, pero tienes que saber que es posible.

–¿Usted se considera un apocalíptico de la era digital?

–Es como todo: si no quieres presumir, te vistes con un vaquero y una camisa normales, y nadie se da cuenta de que estás. Pero si te tiñes el pelo de rojo y usas ropa completamente diferente, la gente se va a fijar. En las actividades en línea hay que tener cuidado: siempre va a haber información tuya que, si no tomas precauciones, va a quedar en Internet. Tu reputación, que es muy importante en el mundo real, es igualmente importante en el mundo virtual. / Por Ricardo Mosso (especial).Publicado en La Voz.

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